miércoles, 4 de mayo de 2016

Dragon Tour con Flores XP: ¡Una experiencia inolvidable!

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El Parque Nacional de Komodo es uno de esos lugares del planeta que llama la atención por sí solo. Considerado una de las Siete Maravillas Naturales del Mundo, y declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, el Parque Nacional se ha ganado su fama internacional gracias a su icono más célebre: el Dragón de Komodo. 




El dragón de Komodo es último resquicio de los grandes reptiles que poblaron la Tierra hace millones de años, con un cuerpo que alcanza los 3 metros de longitud y los 70 kilos de peso, que se basta de un solo mordisco para acabar con la vida de cualquier animal de cualquier tamaño. Una criatura sobrenatural. 

Sin embargo, además de visitar al temido dragón, el Parque Nacional de Komodo ofrece un entorno idílico para llevar a cabo un sinfín de increíbles aventuras.

Nos encontrábamos en Bali, y nuestra primera intención era coger uno de los Tours que va de Lombok a Labuan Bajo en 4 días. Sin embargo, después de preguntar a varias personas del lugar y buscar mucho, mucho por Internet, vimos que las condiciones de seguridad que ofrecen estos tours son ínfimas, y de hecho en los últimos años han tenido lugar varios naufragios fatales en esas aguas, ya que los barcos que cubren esas rutas no están preparados para soportar las fuertes corrientes que azotan esas aguas.

Por lo tanto, comenzamos a informarnos sobre tours por el Parque Nacional de Komodo que partieran desde el puerto Labuan Bajo, el más próximo a las islas. 

Tras buscar por la red, nos llamó la atención el Dragon Tour que ofrecía Flores XP, una agencia propiedad de Mikel, un español, y dos italianos, que dispone de varios tipos de rutas por Komodo.



Contactamos con ellos sobre las 8 de la mañana, y 5 minutos después ya teníamos respuesta. Tras un breve intercambio de e-mails, ¡teníamos reservado nuestro Dragon Tour para visitar el Parque Nacional de Komodo durante 3 días! ¡Nos lo pusieron hiperfácil!

Así que, tras unos días en Bali y otros más en las Islas Gili, cogimos un vuelo que nos llevó hasta el Aeropuerto Internacional de Komodo, situado en el pueblo pesquero de Labuan Bajo, en la isla indonesia de Flores. 

Tras llegar a Labuan Bajo, nos reunimos con Mikel en una cafetería, donde nos hizo un pequeño briefing sobre el tour que comenzaríamos al día siguiente.

Flores XP organiza diversos tours por el Parque Nacional de Komodo y por la Isla de Flores, con una duración que va desde 1 hasta 4 días de aventura. 




A nosotros, su Dragon Tour nos convenció por ser una ruta de 3 días y 2 noches, en los que se visitan todos los lugares más interesantes del Paque Nacional de Komodo, a bordo del Salacia I, un barco que nos encantó desde el primer momento. El Salacia I dispone de 15 metros de eslora, es super cómodo y amplio, y cuenta con unos protocolos de seguridad muy claros (algo de lo que lamentablemente carece la mayoría de agencias), y una tripulación excelente. 

Además, a diferencia de las demás compañías que organizan este tipo de tours, Flores XP cuenta con un mini-resort localizado en Sebayur Island, una pequeña isla desierta al norte del Parque Nacional de Komodo, que sirve de campo base durante los días del Tour. ¡¿Y cómo nos íbamos a perder la oportunidad de dormir en una isla desierta?!

Día 1

Así que, tras muchos días de espera, ¡por fin llegó el día! Eran las 7 de la mañana y nuestro despertador sonó, indicando que era la hora de dirigirnos al puerto, al encuentro de Mikel y su tropa. 

Nuestro hotel se encontraba a solo 50 metros del muelle, así que en un par de minutos estábamos frente a la que sería nuestra familia y nuestra casa durante los siguientes tres días. 




Además, como nos contó Mikel el día anterior, un par de reservas habían modificado sus fechas a última hora, y eso significaba que ¡para el tour estábamos completamente solos!

Así que, en lo que zarpábamos, Mikel nos fue presentando uno a uno a todos los miembros de la tripulación. 

Tras salir del puerto, en una hora y media llegamos a la que sería nuestra primera parada, Pulau Mesa, un poblado de gitanos del mar sin agua corriente, ni electricidad, cuyos habitantes se dedican exclusivamente a la pesca. 




Pisar el poblado fue como transportarse a uno de esos documentales que habíamos visto en televisión, que trataban sobre pueblos remotos con costumbres que perduran inquebrantables siglo tras siglo.

En Pulau Mesa, las "tiendas" no son más que pequeñas mesitas situadas delante de las casas, donde se ofrece el poquísimo producto que llega al poblado. Las casas, a su vez, están construidas con materiales tan humildes y expuestos a las condiciones climáticas como la hojalata. 




Nada más entrar al poblado, de unas 500 familias, empezó a seguirnos un ejército de niños que no paraban de reír y mirarnos alucinados, pidiéndonos que les hiciésemos fotos con una cámara que debía parecerles de otro mundo. Entre risas, los pequeñajos nos señalaban todo lo que llevábamos encima, desde las pulseras hasta los anillos, y nos pedían que se lo regalásemos. 

Mikel nos recomendó que no lo hiciésemos, ya que podría provocar peleas entre los niños. 

El recorrido siguió por la escuela del pueblo, desde donde decenas de niños de todas las edades nos miraban extrañados, como si fuésemos dos extraterrestres recién aterrizados. Los recursos de la escuela de Pulau Mesa son muy limitados, así que cualquier tipo de material escolar como bolígrafos, libros, diccionarios indonesio-inglés, es bienvenido. 




En lugares como Pulau Mesa te das cuenta de lo realmente difícil que resulta el día a día para una comunidad aislada y prácticamente sin recursos, donde se sobrevive con lo básico. Sin embargo, no dejan de sonreír, demostrando lo felices que son con lo poco que tienen. ¡Sin duda, la visita fue una experiencia única que muy poca gente tiene la oportunidad de vivir, que nos puso los pelos de punta, y que recordaremos siempre!

Tras la visita, vuelta al barco para dirigirnos a Kanawa Island, el lugar donde tuvimos la oportunidad de hacer nuestro bautizo de buceo. Kanawa Island es una pequeña isla que cuenta con un arrecife coralino precioso, así que fue el lugar idílico para tan ansiado bautizo. 




Durante el trayecto, Mikel (Instructor de Buceo), nos dio nuestros libritos de PADI, y nos explicó un poco de teoría sobre el diving. Aprendimos de qué se compone el equipo, cuáles son las señales más utilizadas debajo del mar o qué hacer en caso de que algo no vaya bien. 


Mikel nos explicaba la teoría mientras nosotros estábamos cada vez más nerviosos
Tras la teoría, los chicos nos ayudaron a ponernos los equipos como podían, ya que nuestro estado de nervios y adrenalina era bastante elevado. Sin embargo, cuando tocamos el agua y vimos el mundo submarino que teníamos debajo de nosotros, los nervios volvieron al barco. 

Durante el bautizo, pusimos en práctica los conocimientos que nos había explicado Mikel unos minutos antes, mientras disfrutábamos del entorno que nos rodeaba. 




Con más o menos problemas nos pusimos de rodillas en el suelo, comenzamos a practicar los gestos que nos había explicado Mikel e hicimos ejercicios para limpiar las gafas y recuperar el respirador debajo del agua. Cuando realizábamos un ejercicio correctamente, comenzaba una retahíla de bailes caribeños y aplausos subacuáticos, mientras cientos de peces nos miraban con cara de "¿qué hacen estos chalados?". 

Parece que fuimos muy afortunados durante nuestro bautizo, ya que durante los 40 minutos que estuvimos bajo el agua pudimos ver tortugas de Hawksbill, una manada de enormes bumphead parrotfish e incluso ¡un tiburón! ¡Y todo ello en Komodo, considerado como el segundo mejor lugar del mundo para el buceo!




Con el subidón aún en el cuerpo, volvimos al barco, donde los chicos nos tenían preparada la comida. Chef Edward nos había cocinado un riquísimo arroz blanco y salvaje, pollo, ensalada de tomate, pepino y huevo, y una bandeja de sandía y melón. 

Tras una comida exquisita, pusimos rumbo a Mini Wall, una pared de corales preciosos, en la que tuvimos la oportunidad de ver más tortugas, rayas, morenas, estrellas de mar y miles de peces de colores. 





Después de unos 45 minutos de un snorkel precioso en Mini Wall, era hora de dirigirnos a la que sería nuestra casa las dos noches siguientes: Sebayur Island. 

Cuando llegamos, nos quedamos mudos. ¡Los chicos de Flores XP habían montado un mini-resort enclavado en una pequeña playa privada en la recóndita isla de Sebayur!




De momento, hay 6 geniales cabañas para dos personas, situadas a menos de 20 metros de la orilla, por lo que te irás a dormir escuchando el cantar de las olas al chocar con la arena. El campamento cuenta también con un comedor abierto, perfecto para compartir una buena cena mientras se repasan las aventuras del día, y además, con un baño con ducha




Pero lo mejor de todo es que la playa está perfectamente encarada para ver uno de esos atardeceres de película, mientras te relajas en una tumbona al borde del mar. 

Así que, llegamos a nuestra cabaña, nos cambiamos y bajamos a la arena, a contemplar el sunset, que tiñó de unos preciosos tonos rojizos el cielo del Parque Nacional de Komodo. 





Tras el sunset, nos esperaba una cena de escándalo, con barbacoa de pescado acompañado por arroz, tempeh, espinacas de agua salteadas y frutita fresca.




Con la barriga llena, preguntamos a Mikel si en Sebayur se podía ver el plancton bioluminiscente, que llevábamos persiguiendo desde el principio de nuestro viaje. Así que, en plena noche, apagamos todas las luces del campamento, bajamos a la orilla y comenzamos a chapotear con los pies. De repente, cuando aún no sabíamos si estábamos en Sebayur Island o vendimiando en el Sur de francia, cientos de lucecitas brillantes comenzaron a aparecer debajo del agua. ¡Plancton! ¡Plancton! Gritaba Leti, mientras despertaba a los animales que estaban a varios kilómetros a la redonda. Y no era para menos, ya que ver ese espectáculo de la naturaleza nos dejó absolutamente maravillados. 

Tras disfrutar un buen rato del plancton bioluminiscente, nos fuimos a nuestra cabañita a pie de playa a descansar, ¡que ya tocaba!

Día 2

Sobre las 6 de la mañana, el sonido de las olas y los primeros rayos de Sol nos brindaron el mejor despertar que uno puede tener. 

Abrimos la mosquitera y bajamos a la arena. Tras un corto paseo por la playita, mientras hacíamos algunas "ranas" con piedras en el agua a pocos metros de una garza real gigante posada en una roca, Edward apareció con un castellano perfecto diciendo "¡El desayuno está listo!". 

Unas tostadas con huevos fritos, plátanos, café, té y galletas, nos dieron los buenos días y nos cargaron las pilas para afrontar el segundo día de viaje. 

A las 7.30 de la mañana, ya a bordo del Salacia I, pusimos rumbo a la isla de Komodo. ¡Durante el trayecto, tuvimos la oportunidad de ver una familia de delfines saltando y pasando por debajo de nuestro barco!




Sobre las 10 llegamos a la bahía de Loh Liang, la puerta de entrada a la isla de Komodo. Fue Edward quién se encargó de hacer el trekking con nosotros, junto con el ranger que estás obligado a contratar para que te guíe y te proteja en caso de un eventual ataque por parte de los dragones. 




Tras pagar la entrada al Parque y al ranger (500.000 rupias los dos en total), comenzamos nuestro esperado Tour por la Isla de Komodo. Justo ese día había llegado un crucero con bastante gente, así que pedimos al ranger que nos hiciese un recorrido distinto al de toda esa gente. 

Así que nos desviamos, y a pocos metros de la entrada ya nos encontramos con el primer dragón. Aunque estábamos acostumbrados a ver varanos gigantes por Tailandia y Malasia, no tiene ni punto de comparación con ver un Dragón de Komodo. Estas bestias alcanzan los 3 metros de longitud y los 70 kilos de peso, y son capaces de matar de un solo mordisco a animales mucho más grandes que ellos gracias a las 64 clases de bacterias que contiene su saliva. 




Como se dice por ahí, ¡los teníamos en la garganta!

Por suerte, los dragones estaban bastante tranquilos, y el ranger iba siempre por delante de nosotros, así que poco a poco fuimos relajándonos y disfrutando de la compañía de tan dulces "animalitos". El trayecto, de unos 2km, duró una alrededor de una hora, en la que vimos hasta 10 dragones de Komodo, ciervos y algún jabalí, que cualquier día caerán en las garras de los temidos reptiles. 




Tras el recorrido, volvimos al barco para dirigirnos a Pink Beach, una playa paradisíaca que se encuentra en la Isla de Komodo, y que recibe este nombre por las pequeñas partículas de coral rojo que llegan a la orilla, dotando a la playa de un aspecto rosado muy peculiar. Es un buen lugar para hacer snorkel, ya que todo el fondo marino tiene un toque rosado diferente muy bonito. ¡Y además volvimos a ver tortugas!






Después de Pink Beach, unos increíbles spaguetti con tomate y fruta fresca nos esperaban a bordo, y fueron la antesala de una siesta mítica mientras nos dirigíamos a la siguiente parada. 

Tras una hora de siesta de las que hacen época, el motor del barco se paró, y Mikel nos despertó al grito de ¡¡¡SORPRESA!!! Al levantarnos, vimos una de esas imágenes que se quedan en la retina durante mucho, muchísimo tiempo. Una diminuta isla (debía hacer 30 metros de diámetro) de arena blanca y rodeada por un agua azul turquesa de las que quitan el hipo, formaba una estampa que nos hacía sentir como si estuviésemos dentro de una foto de fondo de escritorio de Windows. 




Sin pensarlo dos veces nos tiramos al agua con nuestro equipo de snorkel y fuimos nadando hasta la pequeña isla. Cuando llegamos a la orilla, nos sentíamos unos Robinson Crusoe, de pie en ese atolón en mitad del océano, todo para nosotros dos. Las imágenes hablan por sí solas. 




Mikel nos dijo que la isla no tenía nombre, así que decidimos llamarla ¡Mochileando por la Vida Beach!




Tras un ratito inolvidable en nuestra isla, volvimos al barco, que nos llevó al siguiente destino, Batu Bolong. Batu Bolong (que significa agujero en la roca en indonesio) es un pequeñísimo islote rocoso que emerge en mitad del mar y que esconde su mayor tesoro bajo sus aguas. 

Las fuertes corrientes que azotan esta zona hicieron que el Salacia nos tuviese que dejar prácticamente en la roca, y lanzarnos al agua sin demora, "a lo militar".

Y lo que vimos a través de nuestras máscaras de buceo nos dejó congelados. Millones, no miles, sino millones, de peces de cientos de colores y cientos de especies distintas, se concentraban en la falda de Batu Bolong, refugiándose de la corriente y formando una imagen espectacular. Nosotros nos mirábamos y veíamos los ojos del otro a punto de salirse de sus órbitas. Según nos dijo Mikel, en esta zona es frecuente encontrar peces muy grandes, como tiburones o mantas, aunque suelen estar a varios metros de profundidad. 







Tras un buen rato disfrutando del espectáculo de colores y gastando la batería de la GoPro, volvimos al barco, que nos esperaba luchando contra la corriente.

Era momento de volver a casa, a nuestro camping de Sebayur Island, donde nos esperaba Tony, "el guardián de la isla".

Al llegar, pudimos disfrutar de un atardecer aún más espectacular que el día anterior. Los colores rosados permitían vislumbrar incluso el Volcán Sanggean, situado a 75km de distancia




Una vez se marchó el sol, y tras cenar unas deliciosas hamburguesas preparadas por Chef Edward, bajamos a la arena a hacer fotos del increíble cielo estrellado que se puede observar desde una isla desierta como Sebayur. 





Día 3

Llegó la mañana del último día de nuestra aventura por Komodo con otro despertar de ensueño y con un pancake de plátano de escándalo, muffins de chocolate y fruta. 

Tras recoger el poco equipaje que habíamos bajado a la isla, el Salacia I nos esperaba para poner rumbo a uno de los lugares más esperados del Tour. ¡Manta Point!

Manta Point es un lugar en mitad del mar donde las fuertes corrientes sirven de autopistas a las mantas. Mantas de arrecife, mantas oceánicas y rayas águila se juntan en este punto para formar una de las estampas submarinas más impresionantes que se puedan contemplar. 




Una vez el Salacia se situó sobre Manta Point, los nervios nos comenzaron a recorrer de arriba a abajo. Nos pusimos las máscaras y nos lanzamos al agua. Tal y como nos explicó Mikel, que bajó con nosotros, nos dejamos llevar por la corriente, que también arrastraba al Salacia a unos pocos metros de nosotros. 

Al principio, mirando hacia abajo solo se veía el vacío. ¡A saber cuántos metros de agua teníamos debajo!

A los pocos minutos, Mikel señaló hacia las profundidades, donde una enorme manta oceánica de unos 3 metros de envergadura cruzó por debajo de nosotros como una exhalación. Tras ella, otra, y otra. Hasta 5 mantas se nos cruzaron como un rayo, a contra corriente. ¡Fue totalmente imposible seguirlas, debido a la fuerza de la corriente, y a la velocidad que son capaces de alcanzar!




Tras un rato buscando más mantas, no volvimos a ver ninguna más, aunque sí que vimos varias tortugas apostadas en el lecho marino. Nos contó Mikel que hay días que se pueden encontrar hasta 80 mantas en Manta Point. Aunque pudimos ver algunas de ellas, mentiríamos si no dijésemos con ganas de más. 




Así que volvimos al barco y pusimos rumbo al siguiente punto, Siaba Island. 

Sin miedo a exagerar, podemos decir que el arrecife de coral que encontramos en Siaba, ha sido el más bonito donde hemos buceado. 

En Siaba se encuentra una espectacular montaña de coral de mil colores y formas, que emerge desde las profundidades marinas hasta prácticamente la superficie. ¡Aquí os dejamos unas fotos que, lamentablemente, no muestran ni un 1% de la realidad...!





Tras el mejor snorkel que hayamos hecho nunca, el barco puso rumbo a Mawan Island, otra pequeña isla paradisíaca que cuenta con 4 playas de arena de color rosado. 




Cuando llegamos Mikel nos comentó que podíamos acercarnos hasta un punto que quedaba a unos 100 metros del barco, ya que era una zona donde de vez en cuando se pueden ver mantas

Así que siguiendo los consejos de Mikel, nos dirigimos rápidamente hacia allí. Llegamos hasta el final del arrecife, de unos 2 metros de profundidad, y nos internamos unos metros en la zona profunda, donde el fondo marino se perdía en la inmensidad. Nuestra mirada se dirigía al fondo, a ver si por casualidad aparecía alguna manta. 

Tan concentrados estábamos en el fondo, que hasta que no levantamos la mirada, no vimos que justo enfrente nuestro teníamos una inmensa manta oceánica de 6 metros (sí, ¡¡¡6 metros!!!) de envergadura. 




La enorme criatura marina, lejos de asustarse cuando nos vio, comenzó a acercarse con curiosidad. Esto de "con curiosidad" lo decimos ahora, ya que en ese momento pensábamos que había llegado nuestro final. Porque creednos, aunque te hayan explicado mil veces que estos animales no suponen ningún tipo de peligro para los humanos, ver como una criatura de 6 metros de tamaño se te acerca con su inmensa boca abierta, te los pone de corbata. 





Nuestra primera reacción fue alejarnos un poco, aunque a los pocos segundos nos relajamos y vimos que el animal solo tenía curiosidad. 

Tras un par de minutos con la "pequeña" manta alrededor, otras 4 aparecieron por el fondo marino a toda velocidad, desapareciendo en pocos segundos. 




Cuando volvimos al Salacia, lo primero que hicimos fue dar un grito, para sacar toda la adrenalina que llevábamos dentro, y que habíamos acumulado en lo que fue una de las mejores experiencias que puedes imaginar. 

En lo que nos lo empezábamos a creer, nuestro barco puso rumbo a la Isla de Rinca, otra isla infestada por dragones de Komodo, aunque bastante más pequeña que la Isla de Komodo. Eso, sumado a que Rinca es menos turística que Komodo, significa que es mucho más sencillo cruzarte con algún dragón.




Y la predicción no podía estar más acertada. Mikel nos acompañó esta vez al trekking, que hicimos junto a otro ranger. Nada más entrar al Parque, antes incluso de llegar a la oficina donde se paga la entrada, ya vimos un par de dragones de Komodo tumbados a la sombra de los árboles. Según nos contaron, un par de días atrás se habían comido a un búfalo de agua, por lo que muchos ya tenían el estómago lleno y estaban tranquilos. Los dragones de Komodo solo necesitan comer una vez al mes, deido a su lento metabolismo, y el resto del tiempo lo pasan estirados bajo los árboles mientras hacen la digestión.




Tras ver los dos primero dragones, fuimos hasta la oficina del parque, donde abonamos 540.000 rupias por lo dos, que incluía la entrada al Parque y el ranger que nos acompañaba.

Así que nos pusimos en marcha para hacer nuestro trekking de unos 3km por la isla de Rinca. Durante el trayecto vimos ciervos, jabalíes y ¡un superdragón! 




Al parecer fuimos los últimos en entrar al parque, y ese dragón pensó que ya no quedaba nadie, así que salió al camino en busca de comida. 

Según nos contaron, tuvimos mucha suerte, ya que el 99% de gente solo ve los dragones a la entrada, pero nosotros vimos este dragón en plena actividad en mitad del bosque. 

Tras un trekking supertrepidante, volvimos al barco, ya que se nos hacía de noche y aún teníamos que ir a Kalong a ver la migración de los murciélagos de la fruta. 

Nos pusimos en marcha, y en poco más de media hora teníamos cientos de murciélagos de 1 metro de envergadrua sobrevolando nuestras cabezas, dirigiéndose a la isla de Flores en busca de fruta fresca. ¡Otra espectacular imagen que quedará en nuestra retina por muuucho tiempo!




Ver atardecer mientras los amigos de Batman volaban a pocos metros por encima de nosotros fue una sensación agridulce, ya que por un lado era una vista preciosa, pero por otro significaba que nuestro Dragon Tour estaba a punto de concluir. 

Así que el Salacia I puso rumbo al puerto de Labuan Bajo, lugar donde tocó despedirse de Mikel y la tripulación.

Tras el Dragon Tour de 3 días con Flores XP no podemos tener otras palabras que las de agradecimiento tanto a Mikel, Max y a los chicos de la tripulación, que desde el primer minuto nos brindaron una atención perfecta, nos hicieron sentir cómodos en todo momento y nos dieron toda la seguridad que un Tour como éste requiere.

¡Tres días memorables en un entorno natural maravilloso, entre islas, corales y un sinfín de animales salvajes impresionantes! ¡Sin duda, una de las mejores experiencia de nuestra vida!









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