lunes, 9 de mayo de 2016

Ruta de los volcanes de Indonesia: Bromo y Kawah Ijen

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Uno de los mayores atractivos que ofrece Indonesia es la posibilidad de visitar algunos de los volcanes más activos del planeta. 

El este de la isla de Java es el lugar ideal para despertar tu lado más aventurero, ya que dos de los volcanes más espectaculares del país se encuentran en esa zona




Desde Yakarta hasta Bali, cientos de agencias organizadoras de tours ofrecen varios paquetes para visitar los volcanes Bromo y Kawah Ijen, todas con unos itinerarios muy parecidos. 




Aunque hasta entonces todo nuestros itinerario lo habíamos planificado nosotros a nuestro gusto, creímos que lo más adecuado en este caso era coger uno de esos paquetes donde todo está organizado. 

Y la verdad, no nos arrepentimos, por las dos siguientes razones. 

1) Moverse por la isla de Java es un auténtico infierno. Las carreteras son extremadamente lentas, y el tráfico es caótico, así que si a eso le sumábamos el hecho de esperar autobuses o trenes, igual hubiésemos llegado a los volcanes en nuestra siguiente vida. 

2) El acceso a los volcanes se realiza desde dos pequeños poblados, Cemoro Lawang para llegar al Bromo, y Sempol Village para subir al Kawah Ijen, a los que llegar en transporte público es imposible. Así que las alternativas son contratar un vehículo privado (muy caro) o hacer autostop (muy lento). 

Conclusión, nos pusimos a disposición de una de esas agencia que encontramos en Yogyakarta. En esta ciudad, todas estas agencias se encuentran en la calle Jalan Prawirotaman, que fue la calle donde nos alojamos. Puedes leer nuestro artículo de Yogyakarta haciendo click aquí. 

Contratamos un Tour que tenía el siguiente recorrido:

- Recogida en nuestra guesthouse. 
- Trayecto en minivan Yogyakarta - Cemoro Lawang (14 horas, una auténtica pesadilla).
- Noche en Cemoro Lawang.
- Subida a Penanjakan Viewpoint en Jeep, y luego al cráter del Bromo. 
- Trayecto en minivan Cemoro Lawang - Sempol Village (10 horas, otro infierno). 
- Noche en Sempol Village. 
- Subida al Kawah Ijen y entrada al cráter.
- Trayecto en minivan Sempol Village - Banyuwanggi (puerto para coger el ferry a Bali).


El precio de todo esto fueron 680.000 rupias por persona (1€ = 15.000 IDR), con todo incluido excepto las entrance fee a los volcanes, que fueron 220.000 IDR para el Bromo y 100.000 para el Ijen por persona (precios de entre semana, en fin de semana son bastante más caros). Lo contratamos con la agencia Losari, ya que era la que nos ofrecía mejor precio (fue muy difícil regatear).

Ahora vamos a lo que vamos, a la chicha, que es lo que has venido a buscar.

El primer día del Tour, una minivan nos recogió a las 7 de la mañana, con las legañas aún en los ojos y el desayuno aún en la boca. En ese momento, ingenuos de nosotros, no sabíamos la que se nos venía encima. Ni más ni menos que ¡14 horas! enclaustrados en una minivan con otras 12 personas, cuyo conductor no quería poner el aire acondicionado porque tenía frío y donde nuestro máximo rango de movimiento éramos nosotros mismos. 




Al mediodía, el simpático y friolero conductor hizo una parada para comer en el típico restaurante de carretera que multiplica los precios por 3. Sin embargo, nosotros nos las ingeniamos para caminar un poco por la carretera y comer en otro restaurante mucho más barato. 

Tras una parada de poco más de 45 minutos, otra vez a la minivan. ¡Ya solo quedaban 7 horas! Y son en esos momentos, en que vas en una minivan atravesando la isla de Java, con sus carreteras infinitamente monótonas, sus conductores temerarios y sus acelera-frena-acelera-frena, que te preguntas... ¿qué c*** hago yo aquí? 


¡Una de las tantas veces que vimos la muerte de cerca!

Tras 5 horas más de minivan, el conductor nos dejó en la agencia con la que supuestamente habíamos contratado el Tour, ya muy cerca del pueblo donde haríamos noche, donde nos explicaron en qué consistía el Tour, y dieron opción a la gente que no había contratado el Jeep para que lo contratasen ahí. 

Después de unos minutos de explicación, de nuevo a la minivan para completar las últimas 2 horas de viaje, que nos llevaron hasta nuestro hotel, el Sion View. El Sion es un hotel básico situado en Cemoro Lawang, regentado por un grupo de niños, que la verdad nos cayeron muy bien. Nos pusieron en una habitación deluxe aunque en teoría nos tocaba la estándar, y es que ¡éramos los únicos huéspedes del hotel! 

Cuando llegamos, ya era tarde, y llevábamos un poco de hambre, así que les pedimos un termo con agua caliente para prepararnos unos fideos instantáneos que nos habíamos comprado, ya que en Cemoro no hay prácticamente nada. 

Cenita y a la cama, ya que a las 3 de la madrugada nos venía a buscar el Jeep que nos llevaría a ver el amanecer a Penanjakan, un mirador desde donde se ve el volcán Bromo.



Así que, como estaba previsto, a las 3 de la mañana nos esperaba el Jeep en la puerta. Fuimos los primeros en subir, posteriormente se subirían también 3 franceses y 2 chinos. Antes de abandonar el pueblo, el Jeep se paró en un tipo de peaje, en el que tuvimos que pagar 10.000 rupias por persona. Unos metros más adelante, la entrance fee al volcán, 217.000 rupias más por persona (una burrada). Una vez allí nos enteramos que si no subíamos en Jeep a Penanjakan, y solo nos dirigíamos al cráter del volcán a pie desde Cemoro, los 217.000 no había que pagarlos, pero como ya lo habíamos contratado, no pudimos echarnos atrás (y la verdad, no nos arrepentimos). 

En fin, tras soltar semejante dineral en un peaje teóricamente oficial pero controlado por 4 chavales del pueblo con pintas un tanto dudosas, el Jeep nos llevó a Penanjakan. Tras 1 hora de subida, llegamos al impresionante mirador aún de noche, a punto de amanecer. 

¡En Penanjakan hace bastante frío, así que mejor lleva algo de abrigo! Nosotros íbamos con pantalón largo y sudadera, y no sobraba nada. Igualmente, en Penanjakan hay unos tipos que alquilan chaquetas por algunas rupias. 

Tras unos minutos de espera impaciente entre decenas de turistas, el Sol comenzó a salir para descubrir una de las vistas más maravillosas que hemos visto durante nuestro viaje. 





Una vez el Sol estaba fuera, fue el momento de volver al Jeep, para que nos bajase hasta el cráter del Bromo. En poco más de 20 minutos, nos adentramos en una inmensa llanura sobre la que se situaban algunos pequeños volcanes. El Jeep nos dejó a unos 20 minutos caminando del cráter, al que nos dirigimos por unos paisajes que nos hacían sentir como si estuviésemos en la Luna. 




Tras 20 minutos de caminata, últimos escalones para llegar a uno de los lugares más espectaculares en los que hemos estado en toda nuestra vida. Ahí abajo, el cráter del volcán Bromo rugía como si estuviese a punto de explotar. Cuando fuimos, justo hacía una semana que había entrado en su última erupción, así que fue el momento perfecto. ¡Rugidos, humo y mucha, pero que mucha adrenalina mientras vivíamos esa experiencia!




Tras 20 minutos en lo alto del cráter, era hora de deshacer el camino y volver al Jeep, para que nos llevase de nuevo a nuestro hotel. 




Una vez en el Sion Hotel, nos prepararon el desayuno mientras volvíamos a hacer la mochila, para dirigirnos de nuevo a nuestra querida minivan, que nos llevaría hasta la falda del volcán Ijen. 

La rutina del día anterior se repitió. Visita a la agencia, trayecto infernal y comida en otro restaurante de carretera. 

En esta visita a la agencia, nos explicaron en qué consistiría la subida al Ijen, y nos dieron la opción de contratar también a un guía para que nos llevase a ver el conocido blue fire, las llamaradas azules que emergen del cráter del Ijen cuando el azufre sale a la superficie y combustiona. Aunque a priori no teníamos pensado ir a ver el blue fire, una vez ahí nos lo pusieron tan fácil, y nos entró el típico "aquí solo vamos a estar una vez, vamos a aprovechar", así que finalmente decidimos pagar las 150.000 rupias por persona para ver el famoso blue fire

Tras otras 10 horas en nuestra cómoda minivan, llegamos a Sempol Village, donde nos alojaron en el Catimor Hotel, un hotelito con piscina y jacuzzi, cuyas habitaciones no estaban mal. Aunque, en realidad, en el hotel estuvimos muy pocas horas, ya que llegamos a las 19h y a la 1 de la madrugada salía nuestra minivan hacia la base del Kawah Ijen. Como llegamos tarde, ni piscina, ni jacuzzi. Una duchita, cenita con Carlos, Montse y Neal, unos amigos de Madrid que conocimos durante el Tour, y con los que finalmente fuimos hasta Bali, y a dormir prontito. 

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A las 0.30h estábamos en pie, preparando la maleta, ya que a la 1h salía la minivan (a los que eligieron no ver el blue fire, la minivan les fue a buscar a las 4h).

Tras una hora de trayecto, la minivan nos dejó al pie del volcán, donde ya nos esperaba nuestro guía, Ali, un tipo muy simpático (está prohibido acceder al volcán sin guía).

La verdad que el camino de subida al cráter, unos 500 metros de desnivel que se salvan en apenas 1.30h, se hizo bastante ameno, ya que no se veía nada.




Una vez llegamos arriba del todo, varios hombres nos ofrecieron máscaras de gas, ya que del cráter emergen algunos gases que pueden ser peligrosos. En Internet habíamos leído que mejor bajar con mascarilla, así que tras regatear, las conseguimos a 30.000 rupias por persona. La verdad es que es muy recomendable bajar con mascarilla, ya que hay mucho humo y muchísimo olor a azufre. 




Una vez con nuestras máscaras, comenzó el descenso al interior del cráter, donde se encuentra una mina de azufre que actualmente sigue en funcionamiento. 





Tras 45 minutos de bajada en los que nos cruzamos con varios mineros subiendo los enormes bloques de azufre a su espalda, comenzamos a divisar las primeras llamaradas azules. El Ijen es el lugar del mundo donde se pueden observar las llamaradas azules más grandes. 





Una vez cerca de ellas, nuestro guía nos dijo que no podíamos acercarnos, que era muy peligroso porque el humo estaba bastante descontrolado, así que nos pidió la cámara para hacer algunas fotos, que aquí podéis ver. 

Tras un rato viendo el famoso blue fire (la verdad que nos esperábamos algo un poco más espectacular), seguimos bajando en plena noche para llegar al blue lake, el lago ácido más grande el mundo.  



¡A pesar de la sonrisa, pesaba mucho!

Una vez ahí, decidimos volver arriba del cráter para ver el amanecer desde ahí, lo que acabó resultando en otro paisaje lunar espectacular, con el blue lake que se divisaba entre la bruma y las nubes. 




Ya con la luz del día, los mineros seguían cargando cestas con bloques de azufre de hasta 80kg a sus espaldas desde el fondo del cráter hasta los 2.400 metros de altura del punto máximo (sí, 2.400 metros, hace bastante frío, vuelve a llevar algo de abrigo). 




Según nos contó nuestro guía, por cada kilo de azufre que suben, los mineros ganan 1.000 rupias (menos de 0,07€), así que imaginaos la cantidad de piedra que tienen que subir para sobrevivir. 

Una vez el Sol estaba fuera, comenzamos el descenso hasta la base, donde nos volvía a esperar la minivan. Durante el descenso nos dimos cuenta de lo que realmente habíamos subido, ya que durante el camino de ida, al ser de noche, se pasó bastante rápido. En el trayecto pudimos ver un montón de animales alrededor del camino, como este monito negro.




Finalmente, volvimos a subirnos a la minivan, ahora con un trayecto por delante de "solamente" dos horas, que nos dejó en Ketapang, el puerto desde donde parten los ferrys hasta Bali (6.000 rupias por persona). 

Tras tres intensos días, en los que viajamos casi 30 horas y no dormimos ni 7, puedes imaginarte el estado al que llegamos al puerto de Ketapang (y aún nos quedaban algunas horas de viaje hasta Ubud, nuestro destino en Bali, aunque esto os lo explicamos en el siguiente artículo). Si nos mirabas a la cara no hubieses sabido si veníamos de la aventura de los volcanes o de un festival de música de una semana. 




Pero, a pesar del cansancio, ¡la ruta de los volcanes fue uno de los top de nuestro viaje por el Sudeste Asiático, que te recomendamos encarecidamente que hagas durante tus días en Indonesia!

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