domingo, 24 de julio de 2016

Guía de Luang Namtha (Laos) para mochileros. Qué ver y hacer, cómo llegar, dónde dormir y comer.

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El norte de Laos es una de las zonas con más biodiversidad del Sudeste Asiático. Es el hogar de miles de especies animales, entre ellas algunas de grandes mamíferos, y de decenas de grupos étnicos que se reparten entre cientos de poblados enclavados entre las altas montañas que sirven de frontera natural con China.




Lo remoto del lugar convierte al extremo norte de Laos en una de las zonas de Indochina con una menor concentración de turistas, por lo que sentirte prácticamente solo entre tanta riqueza cultural y natural es muy fácil.




Entre las pocas ciudades -o pueblos grandes, mejor dicho- que existen en el extremo norte de Laos, destaca una: Luang Namtha.




Luang Namtha es la capital de la provincia del mismo nombre, y es el campo base perfecto para explorar el noroeste del país. Llegar es relativamente sencillo (aunque largo), hay una buena infraestructura de alojamiento, existen agencias para quien quiera hacer los trekkings que se organizan por la zona, y carreteras y caminos por si quieres moverte por tu cuenta.



Qué ver en Luang Namtha

Durante los tres días que estuvimos en Luang Namtha, de los cuales solo pudimos aprovechar dos porque el último no paró de llover, nos movimos por nuestra cuenta en todo momento. 

En Luang Namtha hay agencias -con mejor o peor reputación- que organizan actividades como trekkings, noches en polados étnicos o kayak. Por ejemplo, un trekking de dos días con una noche en un poblado cuesta unos 59$ por cabeza. 


Casa colonial del centro de Luang Namtha

Nosotros, que nos gusta vivir el ambiente local 100%, preferimos hacerlo por nuestra cuenta, ya que cuando vas por agencia, además de estar con más turistas, te suelen llevar a lugares que ya se han convertido prácticamente en zoos humanos.

Así que si quieres moverte por tu cuenta en Luang Namtha, aquí te explicamos cómo lo hicimos nosotros:

Día 1

Llegábamos de un laaargo viaje desde Chiang Rai, en Tailandia, por lo que queríamos un primer día bastante tranquilo. Y, cómo no, acabamos teniendo justo lo contrario. 

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A primera hora de la mañana nos pasamos por la Oficina de Turismo, situada detrás del Night Market, donde nos dieron un mapa de la zona. Tras ver que podíamos trazar una ruta que combinase campos de arroz y poblados tradicionales, alquilamos unas bicis (15.000 kips cada una), y comenzamos a pedalear.

La ruta que hicimos fue la que aparece en el siguiente mapa:



Los campos de arroz del inicio de la ruta


La ruta pasa por algunos poblados tradicionales

¡Un descansito!

Mujer secando el grano de arroz. Es el paso previo al pelado del arroz.

Telar tradicional de Laos. En Ban Nam Ngan aún se teje de este modo.

Estupa nueva de Ban Nam Ngan. La antigua, situada justo al lado, fue destruida por los bombardeos de la II G.M.
Paquita, una amiga que hicimos durante la mañana en bici

Tras la dura ruta en bici y un buen descanso, fuimos a cenar al pequeño Night Market que se monta cada noche en la calle principal de 16.30h a 23.30h. En él encontramos un montón de sitios para cenar platos tradicionales, como noodles o arroz frito. Nosotros, que somos fieles al pato, fichamos un sitio con pato a la brasa el primer día, donde acabaríamos repitiendo el resto de noches. 




Día 2

Con los alrededores de la ciudad vistos, decidimos ir un poco más lejos, así que alquilamos una moto de 125cc por 70.000 kips/día (el alquiler de motos es muy caro en Laos) y salimos por la carretera que va hacia Muang Sing, una ciudad a unos 60km al norte. 




La carretera es un no parar de curvas, similares a las que habíamos vivido en el Mae Hong Son Loop, pero con la carretera en bastante peor estado. 

Durante los 60km de curvas, la carretera pasa por un montón de pequeños poblados de los diferentes grupos étnicos que habitan la zona (hmong, yao, ...).





Además, la carretera atraviesa una parte de la Zona Protegida de Nam Ha, un área con una riqueza natural extraordinaria, que incluso alberga varias especies de grandes mamíferos como elefantes, tigres y leopardos. 

Después de alquilar motos y recorrer miles de kilómetros sobre ellas en un montón de países del Sudeste Asiático, podemos decir que este día disfrutamos de los mejores paisajes que habíamos visto jamás, rodeados por el verde infinito de la frondosa selva.

Tras un par de horas de curvas, llegamos a la enome llanura de Muang Sing, que alberga a la ciudad de mismo nombre.




Y ese era nuestro destino. Concretamente su mercado, uno de los epicentros históricos del tráfico de opio del Sudeste Asiático. 




Ya queda poco de eso, al margen de las abuelas que te llaman sigilosamente ofreciéndote un poco de la "mágica" planta.




Aún así, el mercado sigue siendo todo un atractivo para el visitante, ya que entre las ranas intentando escapar de los cubos donde las guardan, los perros comiendo pieles de cerdo en el suelo y los gusanos moviéndose dentro de sus panales, nos sentimos como en uno de esos documentales de la 2.




Tras una curiosa visita, nos dirigimos hacia la Oficina de Turismo de Muang Sing. Allí nos recibió un simpático chaval que no hablaba ni pizca de inglés. Así que nos apañamos para coger un mapa de la zona y nos fuimos.

Nuestro siguiente destino era la frontera con China, situado a 11km de Muang Sing. Hacía unos días habíamos conseguido camelarnos a un soldado tailandés para que nos dejase poner un pie en Myanmar. Esta vez lo volvimos a intentar, pero no hubo suerte. 

Nos quedamos en un control fronterizo a pocos metros de la frontera con China. No fuimos muy bien recibidos, así que nos apresuramos para tomar un par de fotos y dar media vuelta. 



A un par de kilómetros de allí tomamos un desvío que nos llevó hasta Ban Namdaet May, un poblado de la etnia Akha




Los Akha son uno de las etnias más conocidas del país, debido a sus curiosas costumbres. Unos días atrás habíamos estado en el museo de las tribus de Chiang Rai, donde lo que más nos llamó la atención sobre los akha es su creencia sobre los gemelos. Resulta que, en caso de que se dé un parto con más de un bebé, la tradición manda matar a uno de ellos, ya que sino la mala suerte se apoderará del poblado. Por suerte, parece que en los últimos años esta costumbre ya no se cumple a rajatabla, y basta con que la madre de los niños se vaya a vivir a una casa alejada del poblado.




A la entrada de cada poblado Akha hay dos puertas de madera y bambú que todos los que entran y salen del poblado deben traspasar, para dejar los malos espíritus fuera. 




Al menos esa es la teoría, porque cuando nos acercamos a la puerta acompañados por varios niños que se nos habían acercado, éstos nos comenzaron a decir "no, no" con una cara de pavor tremenda, así que les hicimos caso y ni nos acercamos a las puertas. 

Las casas de los Akha son increíblemente humildes, con paredes de madera y tejados de paja.




En el centro del poblado, una fuente es el único rastro de agua corriente, siendo el lugar donde todos los habitantes se lavan.




Nada más entrar al poblado, varios niños se nos arremolinaron alrededor. Un par de ellos nos querían vender pulseritas, aunque la mayoría se acercaron por pura curiosidad.

No tenía pinta de llegar mucho extranjero ahí, como sucede en otros poblados akha.




De hecho, durante todo el día no vimos ni a un solo turista. Absolutamente a nadie, desde que salimos de Luang Namtha hasta que volvimos. 

Hicimos un paseo a pie por Ban Namdaet May, hasta que una de las niñas nos guió hasta fuera del poblado, hasta su colegio. 




El colegio estaba en el poblado vecino, del grupo étnico Yao, otra de las etnias tradicionales del norte de Laos. Nos pareció increíble como, en menos de 200 metros, las costumbres cambiaban totalmente. Las vestimentas de los Yao, sin ir más lejos, con sus típicos turbantes, nos hacían sentir como si estuviésemos a miles de kilómetros de los akha. Pero solo nos separaban 200 ridículos metros. ¡Ver para creer!




Tras un buen rato disfrutando del poblado, pusimos rumbo de vuelta a casa. Paramos en Muang Sing a comer y de paso refugiarnos de una tromba de agua que cayó. 

Tras comer unos noodles con una carne que no había quien la tragase, dura como una roca, comenzamos el camino de vuelta a Luang Namtha. 

Por suerte, volvimos con margen de tiempo antes de que anocheciera, porque ¿os acordáis de la zona protegida con elefantes, tigres y leopardos salvajes en libertad? Pues fue el lugar elegido por la rueda trasera de nuestra moto para pincharse.

Sí. Ahí nos quedamos. Más tirados que una colilla a 30km de curvas del pueblo más cercano. 

Tras preguntarnos qué hacer y recordar nuestro anterior pinchazo un par de semanas atrás, paramos a un pobre hombre que venía en moto, para ver si sabía si había un mecánico cerca. 

Tras varios gestos, logramos entender que unos 7km más abajo nos podían arreglar la rueda. Nos dijo (por gestos, obviamente) que mejor que Leti fuese en su moto, para liberar un poco de peso a la rueda pinchada. 

Así que, pensando que iríamos todos juntos, el hombre (con Leti detrás) empezó a acelerar, y yo, sin poder ir a más de 10km/h, los perdí de vista en pocos segundos. 

Tras 7 larguísimos kilómetros y tras pensar varias veces en donde c***nes se habían metido, al girar una curva vi a Leti haciéndome señales como una loca, al lado de lo que parecía lejanamente un taller mecánico.




El taller estaba en medio de un poblado de alguna etnia que no logramos averiguar cuál era. Tras más de una hora, durante la que fuimos testigos de una pelea tribal (se le da mucho al opio por esa zona) y 20 tíos intentando arreglar el pinchacito (en Tailandia, un solo hombre nos arregló un pinchazo con la misma moto en la misma rueda en 10 minutos), por fin pudimos seguir hasta Luang Namtha. Decidimos no hacer más paradas, porque lo único que queríamos era soltar la moto y olvidarnos de ella. 

El tercer día, que hizo mal tiempo, lo dedicamos a descansar. Al mediodía nos animamos y subimos a la gigantesca estupa situada en una colina a unos 10 minutos del centro, además de acercarnos al mercado de Luang Namtha, uno de los más genuinos en los que hayamos estado. 





Cómo llegar a Luang Namtha

Sinceramente, no hay muchas opciones para llegar a Luang Namtha. Las únicas opciones son las siguientes:

1) Avión al Aeropuerto de Luang Namtha, que cuenta con vuelos directos desde Vientiane.

2) Autobús o minivan. La inmensa mayoría de viajeros llega por este vía. Hacia y desde Luang Namtha salen buses y minivan a Houaixay, Oudomxay, Pakmong, Luang Prabang, Vang Vieng y Vientiane, así como algunos buses a ciudades del sur de China. La terminal de buses se encuentra unos 9km al sur de Luang Namtha. Para llegar al centro hay que coger un tuk-tuk por unos 15.000 kips.

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Dónde dormir en Luang Namtha

Nada más llegar a Luang Namtha, el tuktuk nos dejó enfrente de Manychan Guesthouse, donde conseguimos una habitación con ventilador por 50.000 kips. Estábamos cansadísimos después del viaje de 14 horas desde Chiang Rai y solo queríamos una cama. La mañana siguiente, nos pusimos a explorar un poco y a la vuelta de la esquina encontramos Sing Sa Moud, una guesthouse situada en un edificio colonial superchulo. 




Tras unas breves negociaciones, conseguimos una habitación por 60.000 kips mucho mejor que la de Manychan. 

En las calles paralelas a la principal hay un montón de guesthouses en edificios coloniales espectaculares con relación calidad/precio mucho mejores que las de la avenida principal. 

Dónde comer en Luang Namtha

Luang Namtha fue nuestra primera parada en Laos, y donde descubrimos que comer en este país es ligeramente más caro que en los demás del Sudeste Asiático. Los platos suelen costar unos 15.000 kips (1,60€), aunque las raciones son un poco más grandes que en los países vecinos. 




No dejes de probar el Kho Soy (una variación del Khao Soi tailandés), una sopa de noodles con carne típica de Laos. ¡Riquísima! ¡Y para cenar, el Night Market es lo mejor (y prácticamente lo único) que encontrarás!




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