jueves, 1 de septiembre de 2016

Nuestra experiencia en un voluntariado con elefantes en Camboya

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Prácticamente desde que comenzamos nuestro viaje, nos comenzó a rondar por la cabeza la posibilidad de participar en algún programa de voluntariado en algún país del Sudeste Asiático. 


Pero hasta ahora, por distintas razones nos había sido imposible. No haber disponibilidad, no encajar en nuestro itinerario o, simplemente, no acabar de convencernos los objetivos de la organización, habían sido algunas de las trabas con las que nos habíamos encontrado. 

Hasta encontrar el proyecto de Mondulkiri Elephant & Wildlife Sanctuary



Mondulkiri Elephant & Wildlife Sanctuary es un proyecto de conservación natural sin ánimo de lucro, desarrollado por la organización LEAF junto con las comunidades indígenas bunong de la zona. 

El proyecto cuenta con tres objetivos principales: proteger la zona de la brutal deforestación que sufre Camboya, ofrecer protección y cuidado a elefantes previamente utilizados para trabajar o para ser montados por turistas, y desarrollar un centro de reintroducción para animales rescatados del tráfico ilegal. 



Como comentábamos, anteriormente habíamos buscado muchos programas de voluntariado, pero otro de los problemas con los que nos encontrábamos es que eran demasiado caros. Algo que no pasa en Mondulkiri Elephant & Wildlife Sanctuary, donde por ser voluntario solo tendrás que contribuir con 15$ al día, con alojamiento y tres comidas incluidas. Y lo mejor, si decides pasar más de un mes como voluntario, ¡no tendrás que pagar nada!



Además del programa de voluntariado, Mondulkiri Elephant & Wildlife Sanctuary ofrece la posibilidad de realizar tours de un día con elefantes (que en ningún momento se montan), o combinar el día con los elefantes con una noche en el campamento y un trekking de 25km por la jungla, lo que constituye la fuente ingresos principal para mantener la organización y dar hogar a cada vez más animales. Los precios son 40$ el plan de un día o 75$ el de dos días, con todo incluido.



Todo tenía muy buena pinta, pero el problema era que nos encontrábamos a punto de entrar en Camboya, con escasos días de margen para el hipotético comienzo de nuestro voluntariado. 



Tras un par de e-mails, ¡nos dieron el visto bueno para nuestro voluntariado! 

El santuario se encuentra en la localidad de Sen Monorom, en la provincia de Mondulkiri, situada en el este de Camboya, a 6 horas en autobús desde Phnom Penh (precio del bus, 12$). 



La oficina del proyecto se encuentra en Nature Lodge, un resort situado en un entorno natural increíble. Pero de esto os hablaremos más tarde.

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La cuestión es que al llegar, nos recibió Srey, la chica con la que habíamos hablado vía correo electrónico. 

Nos comentó que para conocer más sobre el proyecto, comenzaríamos haciendo el programa de 2 días / 1 noche, y el resto de días ayudaríamos a mejorar el santuario. 



Así que llegó el primer día, en el que nos llevaron en minivan hasta el comienzo del trekking. El trekking lo realizaríamos acompañados por Tom y Boa, dos guías locales, además de Pilar, una voluntaria colombiana con la que tuvimos la suerte de compartir toda nuestra estancia, y seis personas que contrataron el programa de uno o dos días.



Nada más bajar de la minivan, ya nos dimos cuenta que estábamos en un marco natural privilegiado, rodeados por las inmensas colinas verdes que caracterizan a la región de Mondulkiri. 



El trekking, de alrededor de 1:30h de duración, combinaba zonas de jungla junto con colinas preciosas. Pero lo bueno del trekking aún estaba por llegar. 




Tras subir la última colina, en el horizonte aparecieron tres figuras enormes, formando una escena digna de cualquier película de la saga de Jurassic Park. Eran Chellot, Chepril y Nekom, tres elefantas de las que dispone el santuario.



Sin ánimo de exagerar, ver a las tres elefantas acercándose de una forma tan imponente, por un paraje tan absolutamente precioso, es una de esas imágenes que jamás se borrarán de nuestras memorias.



El tiempo que pudimos pasar con ellas fue mágico. Era la primera vez que veíamos un elefante tan de cerca, así que os podéis imaginar cómo nos sentimos. Acariciar su dura piel, darles un miniaperitivo en forma de plátanos, y sentir cómo nuestros corazones se congelaban cuando sus ojos miraban directamente a los nuestros fue una experiencia indescriptible. 





Tras un rato muy divertido, comenzamos a bajar con ellas hasta el campamento del santuario. Una vez allí, fuimos recibidos por otra parte del equipo, además de por alguien muy especial, Koh Jek, un simpático bebé de macaco que había sido rescatado tras pasar varios meses encadenado por sus antiguos dueños. 




El campamento, que sería nuestro hogar durante los siguientes días, estaba formado por una caseta principal que sirve de comedor, unos bungalows donde duerme el staff, una casa típica de la etnia bunong (donde duermen los invitados) y un W.C./ducha. También dispone de una enorme jaula con tres macacos que están en proceso de reintroducción. 




Cuando llegamos, la comida estaba preparada, así que fue el momento de llenar nuestro estómago con algunos platos típicos de la cocina camboyana. 

Tras comer, nos acercamos hasta el río, donde pudimos darnos un baño refrescante y saltar desde lo alto de una pequeña cascada. 



Con el cuerpo fresquito, nos fuimos a buscar hojas y troncos de banano para dar de comer a las tres elefantas. 



Una vez todos (nosotros y las tres "damas") tuvimos el estómago lleno, fue el momento de ir hasta la piscina de elefantes. Un tramo del río que pasa junto al campamento es el lugar perfecto para disfrutar de otra superexperiencia con los elefantes. 



Bañarte en el río acompañado por esos enormes animales, lanzarles agua y cepillarlos mientras ellos se divierten es algo que hay que hacer una vez en la vida. 



Tras el baño, fue el momento de despedirnos de ellas, ya que tenían que volver a las praderas y nosotros teníamos que ir a ver otra cascada. 

Pero no lo hicimos solos. ¡Koh Jek, no quiso perdérselo y nos acompañó! 



Después de ver la cascada, que tampoco era nada del otro mundo, paramos en el poblado que estaba al lado para jugar un rato a volleyball con algunos locales. 

Tras un rato divertido, volvimos al campamento, donde pasamos nuestra primera noche, durmiendo en la casa bunong



Al día siguiente, realizamos un trekking de ¡25 kilómetros! por la selva que rodea el santuario, pasando por tres cascadas (esta vez sí, imponentes), donde pudimos disfrutar de algún que otro bañito. 





El final del trekking tenía lugar en una aldea de la etnia bunong, donde es muy bien recibido material como medicamentos, material de higiene o material escolar para los niños. Nosotros llevamos un montón de cepillos de dientes que habíamos ido recopilando durante semanas en los alojamientos donde dormíamos.



Los días siguientes fueron perfectos para echar una mano en el santuario. Nos dedicamos a plantar algunos árboles, hacer y colocar carteles y señalizaciones, y alimentar a los tres macacos que están en proceso de reintroducción. 








Nuestro último día nos reservaba una sorpresa. ¡Tuvimos la oportunidad de conocer a Pom, el nuevo elefante del santuario!






Sin embargo, además de voluntarios para ayudar en tareas más manuales, Mondulkiri Elephant & Wildlife Sanctuary necesita perfiles más profesionales para que les guíen y supervisen. 




A nuestro parecer, necesitan veterinarios, biólogos y personas que tengan experiencia con animales salvajes, para ayudarles a trazar los planes de dietas, reintroducción y supervisión del estado de salud de los elefantes y de los demás animales con los que cuenta el centro. 



Así que si conoces a alguien que esté buscando este tipo de voluntariados, o que simplemente quiera hacer un tour de uno o dos días con elefantes en un lugar cuyo principal objetivo sea el bienestar de estos preciosos animales en lugar del beneficio propio, hazle llegar este artículo.

¡Ayúdanos a compartir y a difundir este artículo, ya que cuanta más gente vaya a disfrutar de esta inolvidable experiencia, más animales podrán ser rescatados!



Dormir en Sen Monorom

Como te decíamos, los dueños del santuario disponen de un resort perfecto para alojarte antes y después de tu experiencia con animales. Se trata del Nature Lodge, un resort que cuenta con 30 bungalows (de entre 15$ y 20$ por noche) situados en una preciosa pradera habitada por decenas de vacas y caballos, donde podrás disfrutar de unos días de relax y tranquilidad. 




Y así de rápido pasaron los días, en los que estuvimos viviendo una de las mejores experiencias de nuestra vida. Si dispones del tiempo necesario, no pierdas la oportunidad de vivirlo como voluntario, y si tienes menos tiempo disponible, acércate para ver el proyecto de cerca durante uno o dos días. 



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