sábado, 4 de febrero de 2017

Ruta por la Toscana en coche. Qué ver, dónde dormir y con quién alquilar.

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La región italiana de la Toscana se ha convertido en uno de los destinos preferidos en Europa para miles de viajeros. Muchos de ellos llegan hasta aquí en busca de esa esencia mágica y esos paisajes de cuento que aparecen en alguna de las tantas películas que tienen como escenario los pueblos, las colinas y los viñedos de la región. 




La Toscana es hogar de algunas de las ciudades más reconocibles del panorama turístico italiano. De hecho, iconos internacionalmente conocidos como el Duomo de Florencia o la Torre Inclinada de Pisa se encuentran en la región.  



Así que, atraídos por su patrimonio histórico, su belleza y su gastronomía, decidimos embarcarnos en una ruta de cuatro días para descubrir esa esencia toscana que tantas veces habíamos visto en el cine.




El gran tamaño de la Toscana hace imposible abarcar toda la región en tan solo cuatro días. Así que, teniendo en cuenta que nuestro punto de partida y de llegada era la ciudad de Pisa, creamos una ruta circular que nos llevó por las provincias de Pisa, Florencia y el norte de la provincia de Siena.




Moverse entre las grandes ciudades de Italia en transporte público es fácil y no demasiado caro, ya que el país cuenta con una extensa red de trenes y autobuses. Sin embargo, para llegar a los pueblos pequeños generalmente no es tan sencillo, debido a que las frecuencias de los autobuses son bastante reducidas. 

Así que teniendo en cuenta que nuestra visita iba a ser de solo 4 días y queríamos exprimirlos al máximo, decidimos alquilar un coche. 




Después de valorar diferentes compañías de alquiler de coches (la inmensa mayoría de ellas, por qué no decirlo, con muy malas opiniones), nos decantamos por Inter Rent. Y la verdad que no nos podemos quejar. Seguramente, la próxima vez que necesitemos alquilar un coche, lo haremos con ellos (que conste que el artículo no está patrocinado de ningún modo). 




Así que, tras un vuelo un poco movidito entre Girona y Pisa, pusimos el pie en la bella Italia. 

Tras salir del pequeño aeropuerto de Pisa e ir a recoger nuestro coche, nada más y nada menos que un Fiat 500, un mítico del país transalpino, nos pusimos en marcha.



Pisa

Tras dar los primeros giros con nuestra pequeña máquina en el parking del aeropuerto de Pisa, nos dirigimos al centro de la ciudad. 




La ciudad de Pisa, a pesar de estar requete-protagonizada por su famosa Torre Inclinada, tiene mucho más que ofrecer. De hecho, cuando llegamos a la Torre nos dimos cuenta de que el verdadero espectáculo se encuentra a sus pies. 




Y es que ver el show formado por la gente en el momento de hacerse la foto de "ahora voy a hacer que aguanto la Torre", no tiene desperdicio. 

Nosotros, obviamente, no pudimos dejar de participar en tan divertida tradición, y he aquí la prueba. 




Tras el enorme derroche de originalidad del que hicimos gala en nuestras fotos, decidimos entrar al Duomo, cuyo interior vale la pena de visitar. La entrada es gratuita, y hay que sacar un ticket en una oficina cercana. 




A la salida, pusimos rumbo al centro de la ciudad, un agradable laberinto de bonitas calles como Guglielmo Oberdan o Borgo Stretto, que nos llevaron hasta el Ponte Mezzo, un lugar con una panorámica privilegiada sobre el río Arno. 




Lucca

Tras un agradable paseo por el centro de Pisa, volvimos a nuestro querido Fiat 500 para poner rumbo a Lucca, una ciudad muy bonita situada a solo tan solo 20 kilómetros.




Lucca es una de esas ciudades que pasan desapercibidas por el hecho de ser vecinas de un lugar muy turístico.

El centro de la ciudad, formado por un entramado de estrechas calles y pequeñas plazas, se encuentra rodeado por una gran muralla que data de la época medieval.




El símbolo de Lucca es la Piazza Anfiteatro, una preciosa plaza de forma ovalada repleta de restaurantes y que durante la Edad Media sirvió como lugar de reunión para los ciudadanos.


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Tras quedarnos fascinados por la belleza de la plaza, seguimos una ruta que nos llevó hasta otros lugares interesantes, como el Duomo, el Baptisterio y la Iglesia de San Michelle in Foro.




Durante nuestra estancia en la ciudad tuvimos la oportunidad de comer algo en la Pizzeria da Felice, un pequeño local muy frecuentado por los habitantes de Lucca, perfecto para comer un buen trancio de pizza y tomar un vino riquísimo de la región.




Collodi

Con el estómago lleno, pusimos rumbo a Collodi, un pueblo solo apto para personas que estén muy buena forma. Y es que este pequeño municipio se encuentra situado en plena vertiente de una montaña y, consecuentemente, sus calles son empinadísimas. Eso sí, la peculiar forma y ubicación de Collodi le permiten formar una estampa digna de postal.  




Nada más llegar al pueblo, comenzamos a vernos rodeados por cientos de Pinochos de todos los tamaños y formas. Tiendas repletas de muñecos de Pinocho, estatuas con la forma del niño de madera, carteles por todas partes con su figura, ... Y es que el pueblo comparte nombre con el escritor del famoso cuento infantil, Carlo Collodi, por lo que el pueblo ha adoptado a Pinocho como hijo pródigo.




Pero más allá de la divertida anécdota, bien vale la pena dar un paseo por el pueblo, totalmente empedrado, aunque solo sea para contemplar las vistas desde La Rocca, en la parte más alta.  




Y si el interior del pueblo te parece bonito, espera a ver la panorámica que puedes contemplar desde la carretera. La verdad que las imágenes hablan por sí solas.




Florencia

Tras nuestra visita al bonito pueblo de Collodi, pusimos dirección al este. Nuestro plan era visitar Pistoia, pero el tiempo comenzó a empeorar de repente. Así que decidimos dirigirnos a Florencia, lugar donde pasaríamos la primera noche. 




Una vez en la capital toscana, nos alojamos en el Hostel 7 Santi, un hostal bueno, bonito y barato situado a unos 40 minutos al pie del puro centro de Florencia, que cuenta con desayuno buffet por 5€ y cena buffet por 7€, por lo que es una buena opción para viajeros con presupuestos ajustados. 

Dejamos nuestros bártulos en el hostel y decidimos dar un paseo nocturno por el centro. A pesar de ser un día de cada día, el centro de Florencia era un hervidero de gente intentando encontrar un hueco en alguna de sus tantísimas trattorie, pizzerie y osterie, para disfrutar de la deliciosa gastronomía fiorentina. 




Y es que, cuando cae el sol, Firenze es aún más Firenze. El romanticismo que normalmente envuelve la ciudad se acentúa, y se materializa en forma de paseo a lo largo de la Via dei Calzaiuoli hasta llegar al Ponte Vecchio, bien iluminado, no sin antes pasar por el Duomo o por la Piazza delle Signorie

Y si la noche fiorentina nos recibió en todo su esplendor, la mañana siguiente no sería menos. 




De hecho, la dedicamos a visitar los puntos más emblemáticos, ahora bajo la luz del sol, y a perdernos por sus rincones más alejados del ajetreo de turistas.

Si decides visitar Florencia en un solo día, estos son los lugares que no deberías perderte:  


Duomo y Baptisterio

El Duomo de Florencia, o Catedral de Santa Maria in Fiore, destaca por su imponente fachada, de estilo neogótico, y por su enorme cúpula, de 45 metros de diámetro, cuya vista desde el interior deja sin palabras a los visitantes.




Piazza delle Signorie

La plaza principal de la ciudad, hogar del Palazzo Vecchio y de la Loggia dei Lanzi, una galería al aire libre que cuenta con numerosas esculturas antiguas.




Ponte Vecchio

El Ponte Vecchio, uno de los símbolos más reconocibles de Florencia, es un puente medieval que cruza el río Arno por su punto más estrecho y que cuenta con algunas tiendas, mayormente joyerías. 




Piazzale Michelangelo

Todo el que llega al Piazzale Michelangelo puede disfrutar de una panorámica impresionante de la ciudad. Desde el mirador, custodiado por una enorme estatua de Michelangelo, se puede ver la ciudad en toda su extensión.




Santa Maria Novella

Una de las principales iglesias de la ciudad, situada junto a la estación de tren con el mismo nombre, y un ejemplo claro de arquitectura renacentista fiorentina.




Iglesia di Santa Croce

Otra de las basílicas más grandes de Florencia, cuya construcción comenzó en el siglo XIII, y otro buen ejemplo del arte fiorentino.




Estatua de Il Porcellino

La estatua del jabalí es otro de los símbolos de la ciudad. Como manda la leyenda, hay que colocar una moneda en la boca del jabalí y, antes de dejarla caer, pedir un deseo. Si al caer, la moneda se cuela por la reja que se encuentra a los pies de la estatua, el deseo se hará realidad.




Palazzo Pitti

Situado al otro lado del río Arno, este enorme palacio cuenta con una de las colecciones de arte más importantes de Italia. Además, cuenta con el Jardín de Boboli, el jardín más importante de la ciudad.




Galería de los Uffizi

La Galería de los Uffizi contiene una de las colecciones de arte más antiguas e importantes del mundo. Cuenta con obras de muchos de los más renombrados artistas de la historia, como Botticelli, Miguel Ángel, Da Vinci y Rafael

Galleria de la Academia


Un museo dedicado a la escultura y a la pintura, cuyo protagonista no es otro que el famoso David de Miguel Ángel.


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Chianti

Tras pasar la mañana visitando todo lo visitable en una mañana, pusimos rumbo a Siena, la siguiente ciudad de nuestro itinerario. 

Para ir de Florencia a Siena por carretera hay dos opciones: la autopista, más rápida y directa, o una carretera secundaria que pasa por el Valle de Chianti. 




Nosotros nos inclinamos por la segunda opción, deseosos de comenzar a disfrutar de esos paisajes toscanos dignos de aparecer en cualquier película de domingo por la tarde. 




El Valle de Chianti, para muchos el corazón de la Toscana, es una zona que cuenta con algunos de los pueblos más bonitos de la región. Además, en el valle se producen algunos de los vinos italianos más reconocidos a nivel mundial. 




El pueblo principal del valle es Greve in Chianti, un lugar que cuenta con decenas de bodegas, en las que entrar a degustar alguno de los vinos producidos en la zona es prácticamente una obligación.




La carretera, además de serpentear por unos paisajes espectaculares, atraviesa otros pequeños pueblos donde la esencia toscana está muy presente, como Panzano, Castellina o Fonterutoli. 




De hecho, seríamos incapaces de contar la cantidad de veces que paramos a hacer fotos durante los 50 kilómetros que recorrimos por el valle de Chianti. 








Rapolano Terme

En Florencia tuvimos la oportunidad de encontrarnos con Marco, un amigo que conocimos en Vietnam unos meses atrás, que nos recomendó visitar una zona de aguas termales situada en la localidad de Rapolano Terme, unos 30 kilómetros al este de Siena. 

Así que tras maravillarnos con los colores del Valle de Chianti, nos dirigimos al pequeño pueblo termal. 




Durante dos horas pudimos disfrutar del increíble complejo de aguas termales de San Giovanni, situado a un par de kilómetros del centro de Rapolano Terme. 

El complejo cuenta con una piscina interior y dos exteriores, donde pudimos disfrutar de un atardecer precioso y de un baño suuuper relajante, por tan solo 11€ cada uno. 


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Siena

Tras un par de horas en un estado de relax absoluto, nos dirigimos al Camping Siena Colleverde, el lugar elegido para pasar la segunda noche. El Siena Colleverde es el sitio más barato para dormir en Siena, aunque se encuentra a un par de kilómetros de la entrada a la ciudad, así que solo te conviene si viajas en coche. Nos alojamos en un pequeño bungalow nuevo, cuya relación calidad/precio no estaba mal.




Siena es hogar de uno de los centros medievales más grandes del mundo, donde los edificios centenarios se cuentan por miles.

Tras la supertarde en las aguas termales, el estómago comenzaba a llamarnos, así que nos sentamos a cenar en la pequeña Osteria il Grattacielo, un pequeño restaurante de comida típica de la zona que os recomendamos desde ya, situado a tan solo un par de calles de la Piazza del Campo. 




La mañana del tercer día de viaje lo dedicamos a visitar el centro de Siena. La verdad, no entendemos por qué Siena se suele quedar fuera de la mayoría de itinerarios por Italia, porque es una ciudad increíblemente preciosa. 




La Piazza del Campo es el epicentro de Siena desde hace siglos. Y es que es además de albergar el edificio del Ayuntamiento, con su característica torre medieval, es ahí donde se celebra el famoso Palio di Siena, una carrera de caballos donde se enfrentan los distintos barrios de la ciudad. 




Un poco más allá queda el Duomo de Siena. Y como para gustos colores, en nuestra opinión, éste es el Duomo más bonita de toda Italia. Si el exterior es precioso, espera a ver el interior, construido en mármol blanco y negro, los colores simbólicos de la ciudad, y decorado con banderas medievales, que lo dotan de un aspecto único.




Siena cuenta además con tres iglesias secundarias (por llamarlas así, porque son inmensas): San Francesco, Santa Maria dei Servi y San Domenico. 




Monteriggioni

Tras visitar la espectacular Siena, pusimos rumbo a Monteriggioni, un pequeñísimo pueblo medieval cercano y único en la zona. 


Fuente: toscana.indettaglio.it

Y cuando decimos pequeñísimo, significa pequeñísimo, y es que Monteriggioni se visita en 10 minutos. 

Nada más llegar, alucinamos con el enorme tamaño del parking situado a la entrada del pueblo y que, por suerte para nosotros, estaba vacío. Ventajas de viajar en temporada baja.




Entrar por el portalón de la muralla que rodea el pueblo es como viajar al pasado. Y es que Monteriggioni es uno de esos lugares donde parece que el tiempo no pase




Una placita con una pequeña iglesia y cuatro calles (literalmente) con algunas casas, eso es todo lo que hay en Monteriggioni. Suficiente para convertirlo en un lugar único.


Gambassi Terme

Tras la breve vuelta por Monteriggioni, volvimos a nuestro cada vez más querido Fiat 500 para dirigirnos a Gambassi Terme, donde pasaríamos la tercera noche. 




Gambassi Terme es un pequeño pueblo situado entre las colinas toscanas, aislado por las cientos de curvas que lo separan de cualquier otra localidad. 




Si te preguntas que por qué nos alojamos en Gambassi Terme, la respuesta es muy sencilla. Los precios en San Gimignano, el pueblo que queríamos realmente visitar, estaban absolutamente disparados, así que Gambassi Terme era una alternativa más económica. 

Y si tu siguiente pregunta es si nos gustó, la respuesta es sí. Y es que Gambassi Terme es un pueblo muy tranquilo, conocido por ser lugar de paso por cientos de peregrinos que recorren la Via Francigena, una especie de Camino de Santiago que une Canterbury, en el Reino Unido, con Roma.




Nos alojamos en Casa Elena, un lugar que no te recomendamos demasiado, por diversas razones. 

Lo que si te recomendamos, si llegas a Gambassi, es probar las pizzas del restaurante Pontormo, regentado por una pareja de toscanos 100% auténticos que utilizan recetas tradicionales e ingredientes fresquísimos. 




El casco antiguo de Gambassi tiene algunas calles preciosas, que bien merecen una visita. En el pueblo hay también un pequeño recinto de aguas termales, aunque nos pareció un poco caro para lo que realmente ofrecía, así que no fuimos.




San Gimignano

El último día de nuestra ruta comenzó muuuy temprano, ya que nuestra intención era llegar al precioso -a la vez que turístico- pueblo de San Gimignano antes que nadie. 




¡Y vaya si lo conseguimos! Antes incluso de que las tiendas abrieran ya estábamos cruzando la puerta de la muralla que da acceso al casco histórico.




En los últimos años, San Gimignano se ha convertido en uno de los lugares más visitados no solo de la Toscana, sino de toda Italia. 




Miles de personas se acercan cada año hasta este pequeño pueblo en busca de los escenarios de rodaje de alguna de las tantas películas que aquí se filman. 


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El ambiente medieval se encuentra en cada esquina de San Gimignano, y se percibe incluso desde la distancia, gracias a las altas torres que lo hacen visible desde bien lejos. 




El truco para ver lo que queda del San Gimignano más auténtico es llegar bien temprano y alejarse de la zona más céntrica. 




Visitar la preciosa Iglesia de Sant'Agostino y bajar a las fuentes medievales es una buena manera de hacerlo, ya que poquísima gente se acerca hasta estos lugares.




Y nos vamos a dar el lujo de darte otro consejo. No puedes irte de San Gimignano sin probar el helado de caqui de la Gelateria Dondoli, situada en la Piazza della Cisterna.




Volterra

Tras zamparnos un delicioso helado de caqui, nos pusimos de nuevo en marcha para dirigirnos a Volterra.




Volterra es un pueblo medieval situado en lo alto de una colina, famoso por haber sido escenario de rodaje de la saga Crepúsculo. 




El centro neurálgico de Volterra se encuentra en la Piazza dei Priori, donde también se halla el imponente Palazzo dei Priori. 




No muy lejos de ahí se encuentra el Duomo de Volterra y el Baptisterio, construidos hace casi 800 años.

Nuestra visita al pueblo coincidió con el mercadillo de los sábados, que ocupa todo el centro, y donde se pueden encontrar productos fresquísimos. 




Otro lugar interesante para visitar es la Acrópolis Etrusca, uno de los vestigios etruscos más importantes de Europa, que data del siglo III a.C..




Lari 

En Volterra tuvimos la oportunidad de visitar uno de los pocos talleres de artesanía de alabastro que quedan por la zona, una actividad que cuenta con una larga tradicional y que, por desgracia, está desapareciendo. 




Ahí tuvimos la oportunidad de conocer a uno de los artesanos, que nos recomendó visitar el pueblecito de Lari, situado entre Volterra y Pisa. 




Así que nos dirigimos para allí, y nada más llegar a Lari vimos que era un pueblo fuera de lo normal. Y es que en pleno centro del pueblo se encuentra una especie de pequeña fortaleza que data de varios siglos atrás, a la que se puede subir y disfrutar de unas vistas 360º del pueblo. 




En Lari tuvimos la oportunidad de visitar la pequeña fábrica de pasta Martelli, donde pudimos conocer de primera mano el proceso productivo de la pasta, desde la mezcla de harina con agua hasta el empaquetado. A pesar de su reducido tamaño, la pasta Martelli se distribuye en un montón de países. En el caso de España, se puede encontrar en El Corte Inglés.





Tras la breve -aunque interesantísima- visita a Lari, aún quedaban algunas horas antes de la salida de nuestro vuelo de vuelta, así que decidimos acercarnos a Livorno, una ciudad-puerto situada a unos 20 kilómetros de Pisa. 

Livorno

La ciudad de Livorno suele pasar desapercibida para la mayoría de viajeros que recorren la Toscana, pero lo cierto es que es un lugar muy interesante de visitar, ya que ofrece una imagen distinta de la Toscana, alejada de los paisajes llenos de campos bañados por toda la gama de colores posible.




Livorno es uno de los principales puertos del Mediterráneo, y eso se nota en las calles, en el ambiente, en la gente. El centro de la ciudad se encuentra rodeado por grandes canales que sirven de puerto a cientos de pequeñas embarcaciones.




La Via Grande es la principal avenida de la ciudad, y es el lugar elegido por los livornesi para pasear.

Junto al centro se encuentra la Fortezza Nuova, una fortaleza rodeada por el agua, que conforma uno de los pocos vestigios que aún se mantienen de la ciudad antigua.




Un poco más allá se sitúa Venezia Nuova, un barrio donde estrechos canales y viejos puentes se mezclan con modernos bloques de pisos, ofreciendo una estampa muy curiosa. 

La zona del puerto de Livorno no tiene ningún interés, más allá de ser un lugar ideal para disfrutar de un buen atardecer.

Esa fue nuestra última imagen de nuestra aventura por la Toscana, ya que en cuanto cayó el Sol, nos fuimos corriendo al Aeropuerto de Pisa, donde nos esperaba el avión que nos llevó de nuevo a casa. 




Tras cuatro días perfectos en los que recorrimos más de 500 kilómetros con nuestro Fiat 500 por la Toscana, aprendimos que si esta región se ha ganado el reconocimiento mundial no es por casualidad. Y es que la esencia que se respira en cada rincón de la Toscana es, sin lugar a dudas, mágica. 


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