sábado, 4 de marzo de 2017

De Bray a Greystones, una ruta por los acantilados de Irlanda

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Irlanda es sinónimo de paisajes en los que el color verde y los escarpados acantilados son los protagonistas, con la costa oeste como máximo exponente. 




Sin embargo, la costa oriental de Irlanda también esconde muchos rincones en los que el poder de la naturaleza está muy presente.



Uno de ellos es la zona de acantilados situada entre las localidades de Bray y Greystones, unos 20km al sur de Dublín. Los 7 kilómetros que separan las dos poblaciones están unidos por uno de los caminos más bonitos y accesibles del país, que serpentea siguiendo la línea de la costa.




Si tu plan es escapar de Dublín unas horas y descubrir los increíbles paisajes con los que cuenta Irlanda, sin duda alguna, una gran opción es tomar el tren y dirigirte a la costa de Bray.

La mejor forma de llegar a Bray desde Dublín es tomando el tren (DART) en Connolly Station, la estación de tren situada en el centro de la capital irlandesa. En poco más de 25 minutos, dejamos atrás el asfalto y el tráfico para llegar a Greystones, un pueblecito pesquero situado en el extremo sur de la zona de acantilados.

El viento suele soplar fuerte en esta zona, y normalmente lo hace de sur a norte, por lo tanto te recomendamos comenzar el trekking desde Greystones y finalizar en Bray, para evitar el fuerte viento en contra. 




Lo primero que debes saber si tienes pensado visitar Irlanda, es que su clima es totalmente impredecible. De hecho, lo que debía ser una mañana soleada y tranquila se convirtió en un día de viento, lluvia y frío. 



Tras autoconvencernos de que visitar los acantilados con tan duras condiciones meteorológicas tenía más encanto, nos pusimos rumbo al inicio del camino, en Greystones.




Greystones es un tranquilo pueblo pesquero en el que muchos dublineses tienen establecidas sus residencias de fin de semana, y donde muchos jóvenes extranjeros pasan sus vacaciones de verano aprendiendo inglés con familias locales. 




Tras un breve paseo por el pueblo, nos dirigimos hacia el puerto, lugar de comienzo del trekking.




El camino, bastante plano en todo momento, sigue la línea de la costa serpenteando por los acantilados, unas decenas de metros por encima de las vías del tren. 




Los acantilados de Bray son hogar de una gran biodiversidad. De hecho, no es extraño encontrar focas descansando en alguna de las pequeñas playas que se esconden entre las rocas, o incluso delfines nadando y saltando a pocos metros de la costa. Sin embargo, lo más común es descubrir decenas de especies de aves cuyo mayor hobby es desafiar al viento, formando unas estampas de lo más espectaculares.




El trekking se puede completar fácilmente en menos de una hora y media, y es apto para todos los públicos, gracias a su escasa dificultad.


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Tras un agradable paseo (a pesar de la lluvia), y una parada técnica para llenar el estómago a medio camino, llegamos a Bray, el pueblo que se encuentra al otro lado de los acantilados. 




Bray, ciudad de 30.000 habitantes, es otro de los destinos clásicos de los irlandeses para pasar los días de verano. La ciudad cuenta con un precioso paseo marítimo con césped, restaurantes y atracciones para los más pequeños. 




Después de los 7 kilómetros a merced de la lluvia, el frío y el viento, decidimos resguardarnos en Caffe Letterario, una pequeña cafetería regentada por una pareja italiana que encontramos en el centro de Bray. 




Sin duda alguna, ¡el lugar perfecto para finalizar el trekking por los acantilados!




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