viernes, 25 de agosto de 2017

Lisboa en un fin de semana. Qué ver y hacer, dónde dormir y comer.

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Alejada del protagonismo de las grandes ciudades europeas y de los epicentros del panorama turístico continental, Lisboa se ha consolidado como una de esas capitales para viajeros alternativos que no te puedes perder.




Y es que la capital portuguesa es el lugar ideal para vivir la Europa más auténtica. Lisboa es una ciudad relajada, tranquila, que te obliga a disfrutar de ella de una forma calmada, sin prisas. En Lisboa olvidarás que estás en una capital europea, porque la ciudad va a otro ritmo. De hecho, Lisboa tiene su propio ritmo.



Un ritmo y un carácter únicos que nos conquistaron desde el mismo momento en que pusimos el pie en ella. No sin olvidarnos de la forma de vivir de los lisboetas, que fue lo que nos acabó de enamorar de "la ciudad blanca".  




Gentes hambrientas de degustar cada uno de los placeres de la vida, dispuestas a disfrutar de la calle (¡cómo nos gustan las ciudades donde se disfruta de la calle!), gentes sencillas, humildes y abiertas con los visitantes, a los que hacen sentir totalmente bienvenidos.




En definitiva, un cóctel que dota a Lisboa de una atmósfera muy, muy bonita.  

Nuestra visita a la ciudad fue breve pero intensa. Intensa no en cuanto a recorrer la ciudad rápidamente, yendo de un lugar turístico al otro con la lengua fuera, sino en cuanto a sensaciones. Y es que, acostumbrados al estrés de una ciudad como Dublín, donde vivimos actualmente, disfrutar de un fin de semana de sensaciones totalmente distintas en Lisboa fue todo un regalo para nosotros. 




Qué ver y que hacer en Lisboa

Nuestra intención en Lisboa, además de visitar los "lugares estrella" de la ciudad, era descubrir el lado menos popular de la ciudad, perdernos y callejear por lugares tranquilos y alejados de las multitudes. ¡Y para eso, el único secreto es caminar, caminar y caminar!




Nuestra primera parada fue el Mirador da Nossa Senhora do Monte, el lugar ideal para tener una primera panorámica de la ciudad. Junto al mirador se encuentra la bonita ermita de mismo nombre, fundada en el año 1147. 




Tras crearnos un mapa mental de Lisboa y del maravilloso fin de semana que nos esperaba, comenzamos a bajar hacia el barrio de Graça, una zona residencial donde comenzamos a disfrutar los sabores de Lisboa. Elegimos la pastelería SAGA, donde degustamos nuestros primeros pastéis de nata, los dulces típicos portugueses consistentes en una pasta de hojaldre rellena de crema pastelera quemada. 




Tras endulzarnos la mañana, nos dirigimos a la cercana Vila Berta, una calle decorada con unos ornamentos muy característicos. 




El barrio de Graça fue nuestro primer contacto con los famosos tranvías de Lisboa, que dotan a la ciudad con un color amarillo muy característico. 




Un poco más abajo dimos con la Iglesia de São Vicente de Fora, un templo construido en el s. XVII y dedicado a San Vicente de Huesca, patrón de la ciudad. 




Al ser sábado por la mañana, pudimos visitar la Feira da Ladra, un mercadillo callejero que se pone junto a la Iglesia, donde encontramos productos de lo más variopinto. Desde antigüedades hasta ropa, pasando por CD's o recuerdos. Todo cabe en la Feira da Ladra, una parada imprescindible si tienes la oportunidad de pasar el sábado por la mañana en Lisboa. 





Junto al mercadillo se encuentra el Panteão Nacional, el panteón donde se encuentran sepultados los cuerpos de los más renombrados políticos y artistas portugueses.




El Panteão se encuentra en el extremo oriental del barrio de Alfama, la zona más antigua y genuina de la capital portuguesa. 



Alfama es el barrio lisboeta por excelencia, cuna del fado y corazón de la ciudad. En el laberíntico entramado de callejuelas y cuestas que forman Alfama se respira la atmósfera lisboeta más auténtica. 





Antiguo barrio de pescadores, el barrio es hoy hogar de cientos de restaurantes donde se pueden degustar los platos más deliciosos de la gastronomía de Portugal mientras se presencia un buen concierto de fado. 






En Alfama se encuentran algunos de los miradores más emblemáticos de Lisboa, como el Mirador das Portas do Sol o el Mirador de Santa Luzia. Desde ellos se tiene una perspectiva inmejorable del barrio de Alfama, regado por el Estuario del Tajo y coronado por São Vicente de Fora. 




Por ellos pasa el famoso el "Elétrico 28", la línea de tranvía más famosa de Lisboa, que recorre los spots más emblemáticos de la ciudad. Siguiendo las vías durante unos 5 minutos llegamos a Sé de Lisboa, la Catedral de la ciudad, construida durante los siglos XII y XIII. El interior de la Catedral es impresionante, y en las paredes y columnas puede observarse perfectamente el paso del tiempo. 





Tras la visita a la Catedral, continuamos siguiendo las vías del tranvía hasta llegar al epicentro de la Lisboa. El símbolo de la ciudad, la Praça do Comercio, nos estaba esperando bajo un Sol abrasador (como diría la canción), con un aspecto espléndido. 




Praça do Comercio es el centro neurálgico de Lisboa, el lugar de encuentro entre la ciudad y las olas del Estuario del Tajo. La plaza se encuentra presidida por el Arco Triunfal da Rua Augusta y su centro se localiza una gran estatua ecuestre en honor a José I de Portugal. 


Tras sentarnos a disfrutar del Sol (¡al que tanto echamos de menos en Dublín!) y de la brisa marino-fluvial, nos encaminamos hacia la zona de Cais do Sodré, para acercarnos al pintoresco Mercado da Ribeira




El mercado más famoso de Lisboa nos dió la bienvenida con un amplísimo abanico de oferta gastronómica, desde el típico bacalhau à brás hasta los no menos comunes caracóis


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Sin embargo, el Mercado da Ribeira se ha vuelto demasiado turístico para nuestro gusto, por lo que decidimos salir para picar algo. Y qué bien hicimos, porque guiados por el olfato llegamos a Casa Cid, un pequeño restaurante tradicional justo detrás del mercado. 




Tras un breve aperitivo, seguimos nuestra ruta, ahora alejándonos del litoral para acercarnos a la zona de Encarnação. Aquí la protagonista es, sin duda, la bonita Praça Luís de Camões, otro de los epicentros de la ciudad.






Un poco más arriba llegamos al Barrio Alto, uno de los más pintorescos de Lisboa, gracias a sus estrechas calles engalanadas permanentemente. 





En el extremo este de Barrio Alto se encuentra el Mirador Saõ Pedro de Alcântara, uno de los viewpoints con mejores vistas de toda Lisboa. Lamentablemente se encontraba en obras durante nuestra visita, así que nos conformamos con verlo tras la valla protectora. 




Decidimos volver a bajar de nuevo hacia la zona centro, esta vez al área de Chiado, donde fuimos a parar enfrente de una de las atracciones más peculiares de la capital portuguesa, el Elevador de Santa Justa. Se trata de un ascensor de 45 metros de altura, que data del año 1902, encajado en una estructura situada en una estrecha bajada. El precio es de unos 5€, y desde arriba se tienen unas vistas privilegiadas de la zona de Rossio. 




Un poco más abajo se encuentra la Rua dos Sapateiros, calle famosa por los exquisitos restaurantes y marisquerías que alberga. El más popular es el Restaurante Uma, presente en prácticamente todas las guías gastronómicas no solo de Lisboa, sino de Portugal. 

Nosotros decidimos, sin embargo, probar en el Restaurante Rio Coura, situado junto a la Catedral. Pedimos una olla de arroz con marisco, ¡y qué acierto! Por unos 17€ nos trajeron una cazuela enorme llena de arroz con todo tipo de mariscos, ¡delicioso! 




Tras la nada despreciable comilona, decidimos visitar unas ruinas romanas situadas a un par de calles de allí, para después subir a la zona del Castelo de São Jorge, una de las atracciones principales de la urbe lisboeta. El castillo está formado por un complejo amurallado de 6.000 m² que se asienta sobre el punto más alto del centro de la ciudad, por lo que las vistas desde arriba son de ensueño. El precio de la entrada al complejo es de 8.50€. 




Estábamos yendo al castillo cuando, al pasar junto a un restaurante, nos llamó la atención la pizarra. "Noite de fado", rezaba el pizarrón del Restaurante Santo André, con un aspecto algo desaliñado, síntoma de ser un lugar frecuentado por locales más que por turistas. Así que decidimos reservar nuestra mesa para asistir a la que acabó siendo una noche absolutamente mágica. 




El atardecer decidimos verlo en la Praça do Comercio, lo suficientemente cerca de un músico callejero que tocaba un tipo de tropical chill out en directo y lo suficientemente lejos como para escuchar el ir y venir de las pequeñas olas que se forman en el Estuario. 




Una vez el Sol cayó, fue hora de acercarnos de nuevo a Santo André, para disfrutar de un buen bacalhau à brás, unos caracóis y una buena encharcada de ovos para rematar, todo ello acompañado por un grupo de fadistas del barrio que nos hizo sumergirnos en una perfecta noche portuguesa. 





La mañana siguiente, para mantener la tradición (que habíamos comenzado el día anterior), nos dirigimos a una pastelería a desayunar unos pastéis de nata y un buen zumo de naranja. 




Tras cargar pilas, decidimos visitar las bonitas Praça da Figueira y Praça Rossio, epicentros de la zona comercial de Lisboa. 




Desde ahí recorrimos la famosa Rua Augusta hasta llegar de nuevo a Praça do Comercio, donde tomamos el tranvía 15E que nos llevó directos hasta la otra zona de interés de Lisboa: Belém, situada a unos 5km hacia el oeste. 





¡Ah, se nos olvidaba! Cerca de Praça Rossio se encuentra Casa do Alentejo, un restaurante tradicional que cuenta con un patio típico portugués precioso, visitable para todo el mundo. ¡Si tienes tiempo, no pierdas la oportunidad de verlo! 





En cuanto a nuestra travesía en el tranvía 15E, se resume en las dos preguntas siguientes:

¿Pensábamos que íbamos a ir en uno de los tranvías históricos? ¡Sí! 

¿Agradecimos ir en un tranvía moderno, mucho más grande, porque en otro caso hubiéramos muerto asfixiados por el gran número de personas que iba a Belém? ¡También!




La cuestión es que llegamos a Belém tras abonar los 2.90€ del trayecto (nada mal, ¿verdad?) y nos dirigimos hacia el famoso Monasterio de los Jerónimos. 

No sin antes parar en los famosos Pastéis de Belém, algo así como la pastelería más frecuentada de Europa, conocida por sus exquisitos dulces similares a los pastéis de nata, ¡elaborados según una receta que solo conocen tres personas en el mundo! 




A pocos metros de allí se encuentra el Monasterio de los Jerónimos fue, a nuestro parecer, el monumento más espectacular de Lisboa. ¡Y eso que solo lo vimos por fuera!, tras prometernos a nosotros mismos volver a Lisboa en temporada baja para poder visitarlo tranquilamente. 




Junto al Monasterio se encuentra la Iglesia, de acceso gratuito y, por suerte, sin tanta cola. La verdad es que la Iglesia no se queda atrás, con su estilo manuelino que la dota de un aspecto realmente precioso. En su interior se halla la tumba de Vasco da Gama, el bravo navegante que abrió los mares al Imperio Portugués. 




A unos 15 minutos del Monasterio de los Jerónimos se encuentra la célebre Torre de Belém, punto de llegada para los barcos que querían acceder al puerto de Lisboa. La Torre de Belém representa uno de los símbolos más reconocidos del panorama lisboeta, protagonista de muchas de las proyecciones de la ciudad a nivel internacional. 




No mucho más allá se encuentra el tercer gran spot de la zona de Belém, el Monumento a los Descubridores. Construido en el año 1960, esta gran mole de 52 metros de altura conmemora los éxitos de los descubridores y navegantes portugueses a lo largo de los siglos. Vasco Da Gama, Pedro Álvares Cabral o Fernando de Magallanes son solo algunas de las figuras representadas en el Monumento, que se levanta espectacularmente sobre la orilla del Tajo.




Desde el mismo monumento se puede observar, a lo lejos, el imponente Ponte 25 de Abril, el puente colgante más largo de Europa, de aspecto similar al Golden Gate de San Francisco. 




Tras visitar el área de Belém, tomamos de vuelta el tranvía 15E, para bajar ahora a mitad de camino, en Cais da Rocha. Desde ahí, fuimos caminando por los barrios periféricos hacia el interior, hasta llegar a la Basílica da Estrela. 




La gran cúpula de la Basílica la habíamos divisado el día anterior desde los miradores del centro, por lo que la teníamos en la lista de lugares pendientes. 




Una vez visitamos la Basílica, dimos un paseo por el cercano barrio de Campo de Ourique, para acabar comiendo en el Restaurante Flor da Estela, donde pudimos degustar más especialidades de pescado. 




Con la barriga llena, caminamos como pudimos hasta el próximo Jardim da Estrela, un bonito parque en el que disfrutamos de una siesta de manual. 




Tras el descanso, dimos el paseo de despedida de la ciudad hasta llegar a nuestro alojamiento, para recoger las maletas y dirigirnos al aeropuerto donde nos esperaba nuestro vuelo de vuelta a Dublín. 

Dónde dormir en Lisboa

Lisboa, como buena capital europea, dispone de un enorme abanico de opciones para alojarte. Desde pequeños, humildes y económicos hostales, hasta grandes, opulentos y no tan económicos hoteles, pasando por otros tipos de alojamientos menos convencionales como Couchsurfing o Airbnb




Nosotros elegimos esta última opción, una habitación a través de Airbnb junto al Largo do Intendente, una plaza llena de vida a 10 minutos caminando del centro, por 40€ por noche. 

Dónde comer en Lisboa

Como toda capital europea, Lisboa cuenta con un infinito número de opciones para disfrutar de la gastronomía local. Como siempre recomendamos, para conocer la cocina tradicional no hay nada como alejarse de los lugares más turísticos y "rebuscar" por las callejuelas hasta dar con un lugar tranquilo, humilde y auténtico.




Rua dos Sapateiros, llena de restaurantes y marisquerías, es uno de los lugares más populares para degustar un buen bacalao a la portuguesa. La zona de Cais do Sodré, junto al Mercado de Ribeira, es conocida por la gran cantidad de restaurantes con platos típicos a buenos precios.

Cómo moverse por Lisboa

Las opciones de transporte en la capital portuguesa son variadas. Desde, obviamente, una extensa red de autobuses, hasta los archifamosos tranvías, que permiten moverse por la zona central y desde ésta hacia zonas exteriores. 




Otra opción, que nos sorprendió bastante, fueron los numerosos tuktuk que se pueden encontrar por toda la ciudad, con los que se pueden recorrer los lugares más interesantes de Lisboa. 




No recomendamos, por ejemplo, alquilar bicicletas o motos si te vas a mover por el centro, ya que Lisboa es una ciudad llena de subidas, bajadas y calles estrechas, mientras que éstas pueden ser opciones perfectas para recorridos más planos, como puede ser la visita a Belém. 




Para llegar del Aeropuerto de Lisboa al centro, te recomendamos tomar la línea roja de metro por un módico precio de 1,45€ (+0,50€ por la emisión de la tarjeta, que te servirá para toda tu estancia en la ciudad). ¡En 20 minutos te plantarás en pleno centro de Lisboa!


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