martes, 19 de septiembre de 2017

Guía para viajeros del Algarve (Portugal). Qué ver y hacer, dónde dormir y cómo moverse.

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Considerada una de las costas más bonitas no solo de Europa, sino del mundo, el Algarve y sus espectaculares playas nos ofrecieron unos días inolvidables en un entorno natural único. 




Playas preciosas, pueblos con encanto y una cultura gastronómica de lo más rica son los tres ingredientes principales que conforman la región de Algarve. 



El Algarve es uno de esos lugares que hay que visitar, al menos, una vez en la vida. Y es que las estampas que ofrece en cada rincón, son absolutamente magníficas. 




Nuestra visita al Algarve comenzó a gestarse tras nuestra visita, solo un mes atrás, a Lisboa. La cultura y las gentes de la capital portuguesa nos encandilaron desde el primero minuto, por lo que nuestro siguiente destino estaba bastante claro. 




Decidimos alojarnos en la localidad de Albufeira, situada a unos 30km de Faro, para vivir de primera mano las festas dos pescadores, celebraciones que se llevan a cabo el primer fin de semana de septiembre en honor de un gremio tan importante en la zona como el de los pescadores. 




El plan estaba claro: Albufeira se convertiría en nuestro campo base, desde el que nos moveríamos en coche para visitar toda la parte oeste de la región, hasta el Cabo de San Vicente. 




Día 1

Si de algo hemos aprendido durante nuestros viajes es de la importancia de un buen desayuno para comenzar el día. Y en Portugal, obviamente, no hicimos una excepción. Sólida Fatia fue la pastelería que convertimos en nuestra Meca desde el primer día, con sus pecados en forma de bollería, crema y pastéis de nata (junto con un Cacaolat, ¡eso si que no lo perdonamos!)




Tras cargar pilas y llenar el estómago, arrancamos nuestra aventura por el Algarve con la primera parada: Praia dos Arrifes, una pequeña playa cercana a Albufeira, caracterizada por las preciosas formaciones de roca caliza que emergen varios metros sobre la superficie del mar.




Después de unos buenos chapuzones refrescantes para paliar los más de 35ºC que caían sobre nuestras cabezas, decidimos recorrer los 300 metros que nos separaban de la Praia de São Rafael. 




Fue en el corto camino donde nos dimos cuenta de lo verdaderamente bonito que era el entorno que nos rodeaba, ya que en cada recodo aparecía una pequeña playa de arena amarilla y agua cristalina. 




Praia de São Rafael fue el preludio de uno de los lugares más espectaculares que jamás hayamos visitado. Nos referimos, nada más y nada menos, que a Praia das Andorinhas, una playita situada en el fondo de un enorme pozo en la roca, que cuenta con una pequeña abertura a mar abierto. ¡Las fotos hablan por sí solas!





Una vez salimos por el pequeño hueco a mar abierto, las vistas y la sensación eran increíbles, ¡y es que al otro lado del agujero había un sistema de cuevas enormes! No nos atrevimos a explorarlas ya que nos pareció un poco peligroso con todo el tráfico de barcos turísticos que recorrían la zona, pero verlo desde fuera ya valió la pena. 


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Después de la extraordinaria experiencia en Praia das Andorinhas, pusimos rumbo al interior y nos dirigimos a Guia, un pueblecito al que decidimos ir a comer. Llenamos el estómago en el bar del equipo de fútbol del pueblo, donde por fin probamos las típicas francesinhas. La francesinha es el bocadillo más famoso de Portugal, y es algo así como un bocadillo con un poco de todo; lomo, jamón, queso, huevo, ... ¡todo cabe en una francesinha!




Tras el manjar, decidimos ir a Praia do Castelo, una bonita playa larga que toma su nombre de la roca con forma de castillo situada en uno de sus extremos. Esta playa fue el lugar perfecto para disfrutar de una buena tarde de relax junto al mar. 




El día comenzaba a acabarse cuando decidimos visitar el cercano pueblo costero de Armação de Pêra, cuyo paseo marítimo es perfecto para recorrer al atardecer. 




El ocaso fue el momento perfecto para poner rumbo de vuelta a Albufeira, que nos esperaba con sus calles engalanadas con motivo de las Festas dos Pescadores. 




El epicentro de las fiestas se situaba en la Praça dos pescadores, llena de puestecitos con comida tradicional y presidida por un gran escenario donde tenían lugar las diversas actuaciones, desde bailes tradicionales del sur de Portugal hasta orquestas de verbena. 

Día 2 

El segundo día de nos pegamos un señor madrugón, ya que nuestro plan era visitar la zona que va de Lagos al Cabo de San Vicente, algo así como el Finisterre portugués. 




Nuestra primera parada fue el pueblo de Lagos, que nos recibió con sus casas blancas, sus calles adoquinadas y su pintoresco ambiente. 





Si estás pensando visitar esta zona de Portugal, Lagos es un lugar inmejorable para alojarte, con una gran oferta hostelera y preciosas playas a las que se puede llegar incluso caminando. 




Una de ellas es Praia do Pinhao, una pequeña y tranquila calita de camino a Praia Dona Ana, otra de las playas top de la zona. 





A unos pocos metros de ahí, otra playita digna de aparecer en cualquier postal, Praia do Camilo, dividida en dos partes que se comunican por un túnel excavado en la roca. 




Si por algo es popular esta zona, además de por sus playas increíbles, es por la Ponta da Piedade, un cabo cuyo principal atractivo es un conjunto de formaciones de roca caliza espectaculares, una de las excursiones más populares del Algarve. 





Tras una mañana perfecta de Sol y playa, dimos a parar con el Snack Bar Retiro da Trindade, un restaurante cercano frecuentado por locales, donde pudimos degustar platos deliciosos como ensalada de pulpo, calamares y sardinas. 




Con el estómago lleno nos dirigimos hacia el oeste, concretamente a Praia  da Figueira. Aparcamos el coche en un parking de tierra y comenzamos el pequeño trekking de 15 minutos que discurre junto a un pequeño río y que, finalmente, llega a la preciosa Praia da Figueira. 




Esta playa forma parte del Parque Natural do Suroeste Alentejano e Costa Vicentina, y eso lo notamos desde el mismo momento en que pusimos el pie en ella. La energía que se respiraba en esa playa, 100% virgen, era distinta de la de todas las que habíamos visitado antes. 




El agua cristalina, la arena impecable y la suave brisa que nos refrescaba nos hizo sentir tan bien que en ella pasamos varias horas, encandilados por la belleza del lugar, coronado por las ruinas de un antiguo castillo. 

El Sol comenzaba a bajar, así que era momento de seguir nuestro recorrido hacia el oeste, para llegar hasta el pueblo de Sagres, meca del surf, y su imponente fortaleza de más de 500 años de antigüedad.





Unos kilómetros más allá se sitúa el Cabo de San Vicente, considerado el fin del mundo habitado durante siglos. El faro situado en el cabo es el lugar elegido por muchos para ver uno de los atardeceres más bellos de Europa. 




El viento que azotaba procedente del océano era fortísimo, y mientras los allí presentes hacíamos lo posible (y lo imposible) por no salir volando, las gaviotas jugueteaban y hacían piruetas inverosímiles, ofreciendo un espectáculo natural inigualable. 




El Sol se marchó por el horizonte y puso fin a un día absolutamente inolvidable, aunque lo que nos esperaba al día siguiente era más y mejor. 



Día 3 

Albufeira volvía a amanecer con ese fresquito mañanero de verano, antesala de un día soleado y de altas temperaturas. En nuestro tercer día decidimos visitar la zona de playas situada entre Armação de Pêra y Portimão. Tras el ritual de desayuno en nuestra pastelería favorita, nos dirigimos hacia Praia da Marinha, una de las playas más reconocibles del Algarve. 




El símbolo de Praia da Marinha es su enorme doble arco dibujado en la roca, protagonista de algunas de las fotografías más célebres de la zona.




Ya sabemos que durante el artículo hemos repetido varias veces que el agua de cada playa estaba a una temperatura mejor que en la anterior, ¡pero es que en Praia da Marinha estaba perfecta!




Después de unos buenos chapuzones y recargar el cuerpo de vitamina D, nos movimos hasta la alucinante Praia do Carvalho. 

La playa de Carvalho es, simplemente, el paraíso. Estamos seguros que pocas playas en Europa hay con un agua tan turquesa, una arena tan amarilla y unas rocas tan blancas. Simplemente, espectacular. Como espectacular es el túnel que da entrada a la playa, o como el pasadizo esculpido en las rocas y que permite tener una visión inmejorable de la misma. ¡Sin duda, una playa a incluir en el listado de playas favoritas de Europa!




No lejos de ella se encuentra Praia de Vale Centianes, una playa larga y semivirgen, que nos dio la bienvenida con unas olas enooormes. 




Tras un baño muy movido nos dirigimos a comer a Ferragudo, un pintoresco pueblecito pesquero situado al otro lado del río que baña la ciudad de Portimão.





Después de callejear y deleitarnos la vista, nos deleitamos el paladar en A Casa dos Pescadores, un bar situado en el mismo puerto de Ferragudo, frecuentado por los marineros de la cofradía del pueblo. 




Ensalada de bacalao, sopa de legumbres, langostinos, tabla de embutidos de la zona o sangría fueron solo algunas de las tapas que pudimos degustar, a un precio muuuy económico. Si estás por la zona, no olvides sentarte en una de sus pocas mesas y pedir alguna de sus especialidades.




Decidimos ir a visitar Praia Afurada, un enclave natural que solo se puede ver desde lo alto de los acantilados. Desde arriba, la vista es impresionante, ya que la recóndita playa se ha convertido en un santuario para las diversas especies de aves que la habitan. 




Cerca de allí se encuentra Praia dos Caneiros, una pequeña playa perfecta para disfrutar de una buena tarde de relax. Cuando la marea es baja, se puede pasar a Praia do Torrado, una playa naturista hasta la que llega muuuy poquita gente. 




Con el cuerpo fresquito y el final del día acercándose, llegamos a Carvoeiro, un pueblecito pesquero muy pintoresco, que a pesar de ser uno de los principales centros turísticos de la zona, aún mantiene su esencia original. 





La última noche la pasamos disfrutando de las festas das pescadores de Albufeira en todo su esplendor. Miles de personas se agolpaban entre las casetas, que ofrecían todo tipo de comidas y bebidas tradicionales. Todo ello amenizado por una gran orquesta que nos recordó a aquellas fiestas de pueblo que tantas veces hemos disfrutado. 

Día 4 

El último día amaneció con un cielo más azul de lo normal, como esperando que lo disfrutásemos (aún) más. 





Con las mochilas ya cargadas en el coche, nos dirigimos hacia uno de los puntos (sino el que más) reconocibles de todo el Algarve. La Gruta de Benagil. 




Durante los días anteriores se nos habían pasado por la cabeza todas las formas posibles de llegar hasta ella: en kayak, en colchoneta hinchable, en una excursión en barco, ... Pero finalmente, tomamos la opción más barata, sana y divertida: ¡nadar!




Y es que la Gruta se encuentra a poco más de 100 metros de la arena de la playa de Benagil, por lo que llegar nadando a ella es muy sencillo. 




Dentro de la Gruta, sobran las palabras. Una gran cámara de unos 30 metros de altura, que cuenta con dos grandes entradas por mar y con un gran agujero en el techo, por donde entran los rayos del Sol allá por el mediodía, formando una estampa preciosa. 




El agujero puede visitarse desde arriba también, dando la impresión de estar situado sobre un gran pozo natural de los que quitan el hipo. 

La verdad que, además de la Gruta, la playa de Benagil no es nada del otro mundo, así que decidimos movernos a la que sería la última playa de nuestras vacaciones. 

Unos minutos después aparcamos nuestro Fiat Panda en la zona costera de Porches, junto a la entrada de Praia Cova Redonda. 

A medio camino paramos en Praia da Albandeira, donde pudimos disfrutar de unas vistas increíbles gracias a su gran arco dibujado en la roca. 




Praia Cova Redonda es una playa grande y sin acumulaciones de gente, algo que agradecimos infinitamente. El agua, como en todas y cada una de las playas que habíamos pisado, era cristalina y fresquísima. 




Tras un par de horas de absoluto relax, pusimos rumbo al Aeropuerto de Faro. No sin antes, claro, parar en un restaurante al que le habíamos echado el ojo, el Só Na Brasa, donde pudimos disfrutar de una increíble sardinada (buffet libre de sardinas frescas) ¡por solo 10€ por persona!

¡Sin duda alguna, un final inmejorable para unos días inolvidables!

Dónde dormir barato en el Algarve

El Algarve cuenta con diversas ciudades con un gran abanico de opciones de alojamiento y cercanas a las principales zonas de playa. Es el caso de Faro, Albufeira, Portimão y Lagos. 




De estas, Albufeira fue nuestro lugar elegido, ya que durante nuestra estancia se celebraban las festas dos pescadores. Echando la vista atrás, la próxima vez que visitemos la zona nos alojaremos en Lagos, un pueblo pintoresco y muy cerca de algunas playas preciosas. 


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Nosotros nos inclinamos por alquilar una habitación por Airbnb, por la que pagamos 55€ por noche

Dónde comer barato en el Algarve


Portugal es un país en el que comer bien forma parte de la propia cultura. La dieta mediterránea de la que goza hace del país un destino preferido para muchos sibaritas, que se dejan llevar por los sabores típicos de la gastronomía portuguesa.


Y como no podía ser de otra manera, el protagonista de la cocina de El Algarve es el pescado y el marisco. ¡Bacalao, pulpo, sardinas, calamares, langostinos y mejillones no pueden faltar en cualquier comida que se precie!

Cómo moverse por el Algarve

Sin duda alguna, la mejor opción para moverse es el coche. Nosotros alquilamos un Fiat Panda con la compañía Guerin, que nos salió por unos 90€ los cuatro días. El coche es el aliado ideal para llegar a cualquier playa.




De otra forma, puedes tomar alguna de las opciones de transporte público, como el tren o el autobús, que te permitirán moverte entre ciudades y pueblos, pero con los que te será más difícil llegar hasta las playas más apartadas.





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