viernes, 20 de octubre de 2017

Guía de Alona Beach y Bohol (Filipinas) para mochileros. Qué ver y qué hacer, cómo llegar, dónde dormir y comer.

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En los últimos años, Alona Beach se ha consolidado como uno de los destinos vacacionales preferidos por visitantes procedentes de toda Asia.  




Las aguas de color azul turquesa que bañan sus arenas blancas, junto con su accesibilidad desde una gran ciudad como Cebu, hacen de Alona Beach uno de los paraísos más populares de Filipinas.



En Alona Beach todo está preparado para el turista que llega dispuesto a pasar 15 días tirado en una tumbona en la playa con un cóctel en la mano. Es por ello que los precios que encontrarás en Alona Beach son más elevados que la media del país. 




Con todo esto, la pregunta es: ¿Tienen lugar en Alona Beach los mochileros con presupuestos ajustados?

¡La respuesta es sí! 




Sin embargo, tienes que saber que Alona Beach no es uno de esos paraísos vírgenes alejados de la civilización, en los que se puede sentir el contacto con la naturaleza de la forma más pura. Nada más lejos de la realidad. 




Aún así, Alona es una de las mecas del buceo más importantes del país, y cuenta con spots realmente interesantes, como el Santuario Marino de Balicasag




La ubicación de Alona Beach, en el extremo suroeste de la isla de Panglao, a su vez separada por puentes de la vecina isla de Bohol, hace de ella una buena base para visitar los lugares aledaños, como las Chocolate Hills o el Loboc River.




Qué ver y qué hacer en Alona Beach y Bohol

El plan por excelencia en el pueblo de Alona Beach es bajar a la playa, tan bonita como turística, y disfrutar de un buen chapuzón y de un rato de snorkel. 




Si buscas un plan distinto, lo mejor es alquilar una moto y dirigirte a la vecina isla de Bohol. Las motos puedes alquilarlas en cualquier agencia de Alona Beach por unos 400 pesos al día. 




La parte suroeste de la isla de Bohol esconde algunos lugares muy interesantes de visitar, y con moto se pueden hacer en un solo día. 




El primero de ellos es el Tarsier Sanctuary, una pequeña reserva donde habitan un centenar de tarsios filipinos, que con solo 15 centímetros de tamaño son uno de los primates más pequeños del planeta. El tarsio filipino (Carlito syrichta) se distribuye por las islas del sureste del país, sus hábitos son nocturnos y son una especie amenazada por la acción del hombre. 




El santuario dice estar gestionado por un veterano biólogo que lleva estudiando la especie durante décadas, aunque nosotros nos quedamos con la mosca detrás de la oreja. Y es que era demasiada la cantidad de gente que había dentro del tarsiero, por lo que imaginamos que los animalitos tenían que estar bastante estresados. 

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Tras la visita al tarsiero, nos dirigimos a los Chocolate Hills, unos curiosas colinas de varias decenas de metros de altura cuya imagen ha dado la vuelta al mundo. Y es que desde diciembre hasta febrero, las colinas toman un tono marrón que, vistas desde la distancia, las hace parecer enormes virutas de chocolate (de ahí su nombre). 




Varios kilómetros antes de la que se supone que es la zona de las Chocolate Hills, junto a la carretera comienzan a aparecer algunas colinas espontáneas. 




Las indicaciones llevan hasta un viewpoint, desde el que se pueden ver las colinas desde lo alto. Nosotros apostamos por recorrer los caminos de tierra que serpenteaban entre las colinas, para así alejarnos de la zona más turística, algo que te recomendamos al 100%.




Para llegar hasta la zona de las Chocolate Hills, pasamos por algunos lugares de interés que decidimos visitar a la vuelta. Uno de ellos es el Man Made Forest, un precioso bosque que cuenta con miles de enormes árboles y que es atravesado por la carretera. Es impresionante el cambio de temperatura que se sienta una vez se entra en el bosque. 




No muy lejos de allí se encuentra el Loboc River, un río conocido por los pintorescos barcos-restaurante que lo recorren. 





Navegar por el Loboc River al ritmo de la música en directo mientras se disfruta de un buen manjar filipino es uno de los planes preferidos de los habitantes de la cercana ciudad de Tagbilaran. 



Tras dejar el Loboc River, decidimos bajar a la costa sur de la isla, hasta llegar a una pequeña playa donde algunas familias locales disfrutaban del Sol de media tarde.




Un poco más adelante, llegamos a la preciosa Iglesia de Santa Mónica de Alburquerque, uno de los últimos vestigios de la herencia española que aún hoy perdura en Bohol, de estilo románico y construido a mitad del s. XIX.




Cómo llegar a Alona Beach

1) Ferry desde Cebu. Esta es la forma más habitual para llegar. Cada día parten varios ferrys de diferentes compañías de Cebu a Tagbilaran (el puerto de destino, desde el que tendrás que tomar un taxi hasta Alona Beach). Nosotros viajamos con Weesam por 350 pesos por persona, en un trayecto algo menos de 2 horas. Tomamos el ferry que partía de Cebu el lunes a las 16.30h. Tuvimos que ir a comprar el ticket al Pier 4, para salir desde el Pier 3. Los horarios y días de los ferrys cambian constantemente, así que lo mejor es que te presentes en el puerto de Cebu a preguntar (pero ten en cuenta que salen cada día barcos de Cebu a Tagbilaran, el último es sobre las 19h).




2) Ferry desde Dumaguete. Con la compañía Ocean Jet.

3) Ferry desde Larena (Siquijor). Con la compañía Lite Shipping (no te la recomendamos para nada. Nos cancelaron el ferry y no nos devolvieron el dinero. Un desastre de compañía. Por muy barata que sea, no la tomes).

Dónde dormir en Alona Beach

La mayoría de alojamientos en Alona Beach son hoteles destinados al turismo vacacional, y por lo tanto, muy caros. Sin embargo, hay algunos lugares con habitaciones desde 600 pesos. Nosotros nos quedamos en Dormitels PH, un hotel bastante cerca de la playa con habitaciones dobles con baño privado por 550 pesos. Parecía ser el lugar más barato de Alona, y estaba bastante bien. 




Dónde comer en Alona Beach

Igual que sucede con los alojamientos, los restaurantes también están pensados para la gente que llega de vacaciones. 




Es difícil encontrar lugares para comer por menos de 80 pesos, incluso las karinderias locales tienen los precios bastante inflados. Lo más barato que encontramos fueron los Ron Cola, que se vendían por ¡1€!




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